HACIA UNA DIRECCIÓN PARTICIPATIVA |
Ing. Carlos Torrejon Rocabado. |

Por Dirección Participativa, entendemos a la participación de los asalariados en el proceso de dirección a diferentes niveles: tanto en la toma de decisiones como en la participación en los frutos de la actividad mediante beneficio económico.
La constante búsqueda de calidad, a la que ninguna actividad puede retrotraerse en nuestros tiempos, conduce a la adopción de sistemas modelos de administración, es así que se arriba a la dirección participativa como una condición para desarrollar sistemas de calidad total, sin embargo el camino para este "arribo" no fue fácil ni corto, es mas, difícilmente en nuestro medio podremos afirmar que esta establecido, a lo sumo podremos informar de discursos vanguardistas que casi en su generalidad sólo son eso: discursos.
En este contexto, es importante ubicar a esta necesidad de desarrollo desde una perspectiva histórica. Comenzaremos sólo mencionando a la empresa familiar primitiva característica de la época pretayloriana, en la que el obrero conocía la mayoría de las técnicas requeridas, explicaremos las implicaciones de la adopción de la filosofa del "modelo ideal" de Taylor y su gran influencia todavía presente en la actualidad, para concluir analizando la necesidad de converger hacia una dirección participativa como una condición imprescindible de desarrollo.
EL MODELO IDEAL TAYLORIANO O BUROCRÁTICO En 191 1, el Ing. F. W. Taylor publica su obra "The principles of Scientific Management", cuyos principios de organización llegan a ser adoptados por las empresas industriales en el mundo entero. Casi en la misma época, el sociólogo alemán Max Weber, presenta "el modelo ideal de burocracia" introduciendo, prácticamente en toda la sociedad, conceptos de decisión despersonalizada y de personal reglamentado.
Ambas obras influyeron profundamente en la administración y en la gestión industrial introduciendo definitivamente el método científico.
El modelo tayloriano establece un universo jerarquizado, en el cual se crean espacios técnicos funcionales cerrados y no participativos, basados en conceptos tales como el análisis y la división del trabajo, la investigación para establecer métodos para cada tarea, la medida de los tiempos de trabajo, la elaboración de documentación técnica y la sistematización de los procedimientos operativos. Es indudable el gran avance que esto constituyó para aquella época, respondía a las necesidades organizativas requeridas por el desarrollo industrial, sobre todo entre las dos Guerras Mundiales; sin embargo su generalización Lleva a una administración deshumanizante, caracterizándose por la desperzonalización de la decisión, la que llega a ser una verdad descendida fríamente desde una oficina.
Este sistema, actualmente muy vigente en nuestro medio, se caracteriza por la imposición de especialistas en la solución de todas las necesidades de administración industrial, en el cual la participación en las decisiones es derecho de un pequeño grupo ejecutivo, donde la idea de debatir soluciones con los subordinados parece solo conducir a un "pérdida de tiempo", cuando no a una "pérdida de autoridad", la empresa o la oficina se convierten en un mundo del silencio, pues se "paga a otros para que piensen en su lugar"; la racionalidad indica que el "Jefe" y sólo el "Jefe" es el responsable del éxito o del fracaso de todos los cometidos, y se establece la regla tayloriana del rendimiento obtenido por "el palo y la zanahoria". Este esquema se ha enraizado en nuestro medio, mostrando una inercia muy grande ante los nuevos paradigmas del desarrollo.
HACIA LA DIRECCIÓN PARTICIPATIVA
Pero los tiempos cambian, los países aliados triunfan en la Segunda Guerra Mundial, imponen militarmente sus condiciones a los derrotados, los EE.UU. establecen el Plan Marshall Para la recuperación de Europa e invaden el Japón.
Los militares norteamericanos consideran que deben renovar de la cabeza de las empresas japonesas a sus antiguos dirigentes, pronto tropiezan con problemas, especialmente en el campo de las telecomunicaciones, como solución establecen una serie de misiones técnicas que desarrollan cursos sobre todo en el uso de herramientas estadísticas para el Control de Calidad.
La industria japonesa de posguerra, derrotada y arruinada, pero con una nueva clase dirigencial, se enfrenta al desafío de reconstruir su nación, está abierta a nuevas ideas y muy Pronto descubre las bondades de la aplicación de métodos estadísticos utilizados ya desde los años veinte en occidente, tales Como los gráficos de Shewart.
En 1951. La JUSE (Japanese Union of Scientists and Engineers) invita al profesor Edwards Deming, quien desarrolla cursos introduciendo los conceptos de Calidad Total, posteriormente es también invitado el profesor J. M. Juran; los japoneses asimilan los conceptos, pero deciden que la formación debe llegar no sólo a los especialistas, sino a todos los miembros de la sociedad, se establecen cursos de fortnación masiva por la radio, se editan revistas sobre gestión de calidad, dirigidas especialmente por el presidente de la JUSE, Kaoru Ishikawa, derivando en la formación de los famosos Círculos de Calidad, expresión genuina de dirección participativa.
El Japón revoluciona los conceptos de administración, básicamente los humaniza, establece mecanismos para la participación general en la toma de decisiones, hace que todas las personas trabajen en tomo a un objetivo común, logrando multiplicar sus beneficios, ahora ya no es sólo uno el que piensa sino todos los trabajadores, y las ideas fluyen ordenadamente a raudales, hacienda que el responsable de] éxito no sea únicamente el especialista, sino todo el equipo.
El Japón avanza invadiendo los mercados con calidad, y en 1975, los norteamericanos descubren azorados la gran debilidad de su industria frente a la japonesa.
La industria japonesa amenaza a la norteamericana, la calidad y fiabilidad de sus productos son claramente superiores así como sus precios; ahora, el consumidor modifica su criterio de elección, para la compra de un producto toma en cuenta la calidad, el precio y los costos de mantenimiento. Occidente reacciona y lentamente decide que las teorías taylorianas deben ser reconsideradas.
MODELOS DE DIRECCIÓN PARTICIPATIVA La industria europea y norteamericana pronto se ven avasalladas por la japonesa, comprenden que son necesarios cambios profundos, sin embargo el sistema tayloriano está demasiado arraigado y presenta una gran resistencia al cambio, pero las reformas son imprescindibles, tímidamente se inician cambios, al promediar los años 60 se habla de prácticas de "trabajo o en equipo" como una técnica que llega a concebir una estructura como un conjunto de grupos, ahora los "jefes" dejan de considerar una pérdida de tiempo el consultar a sus subalternos, y se abre paso el debate sobre las mejores soluciones para el trabajo.
Pero estos cambios no son suficientes, Peter Drucker en su obra "Practice of Management" enuncia los principios de la Dirección Participativa Por Objetivos, que pretende llegar al compromiso de los subordinados sobre la base del dialogo - negociación, y establece un sistema para medir y sancionar positiva o negativamente los logros obtenidos; esta técnica conlleva una renovación en la gestión y obtiene resultados satisfactorios.
Sin embargo, la industria japonesa continua avanzando, en 1979 se produce la segunda crisis del petróleo y la situación se hace insostenible, la alta relación calidad-precio del producto japonés obliga a los occidental]es a profundizar su análisis del fenómeno, descubren los "círculos de calidad", le atribuyen bondades que no tienen si no son aplicados dentro de un esquema de calidad total, ligan logros a lo histórico y cultural propios del Japón que no podrían ser trasladados a otro contexto; sin embargo, estos hechos son desmentidos por experiencias positivas de empresas japonesas que operan dentro EE.UU. con personal norteamericano, y se demuestra que todo se debe, simplemente; a la gestión de calidad con dirección participativa y todos los esfuerzos se encaminan en este sentido. Se establecen nuevos modelos para arribar a la decisión por consenso, la dirección mediante la visión compartida, confianza en el hombre y muchas técnicas que ahora buscan desarrollar mas al hombre y su creatividad.
LA SITUACIÓN EN BOLIVIA El inicio del siglo XXI nos encuentra en medio de la globalización de los mercados, en la imprescindible necesidad de adecuarnos a las prescripciones de normas internacionales como las serie ISO 9000, a la ineludible realidad de no poder acceder a los mercados si antes no somos debidamente certificados; es decir, a un mercado abierto que sólo responderá a la competencia en calidad de bienes y servicios.
Si ubicamos a la industria nacional en este contexto, encontraremos ejemplos (no poco numerosos) de empresas que se debaten aun en la época pretayloriana, es decir de índole familiar, con operarios que por no quedarse sin trabajo son capaces de "hacer de todo", con una apenas incipiente organización burocrática; empresas (grandes para nuestro medio) que deben realizar muchos esfuerzos para desarrollar una adecuada administración científica, pero que en muy pocos casos practican un control de calidad estadístico, la utilización de antiguas técnicas tales como la aplicación de gráficas de Shewart son precarias, limitándose casi en su generalidad a métodos de ensayo en muestras de escasa fiabilidad estadística, para poder determinar su nivel de calidad.
El ingreso de Bolivia al MERCOSUR, establece un desafío que obliga a nuestra sociedad a mirar al futuro desde otra perspectiva, cabe la pregunta: ¿seremos capaces de saltar hacia una dirección participativa, sin haber desarrollado plenamente una administración tayloriana?.
Sin embargo, la situación no nos ofrece demasiadas alternativas.