EL ESTRÉS UN PRODUCTO DEL MUNDO MODERNO |
Lic. Sonia de la Parra |

La Palabra estrés es utilizada con vaguedad por diferentes grupos y personas que le dan diferentes sentidos. Así, los médicos hablan en términos fisiológicos; los psicólogos, en el sentido de cambios de conducta; los administradores, se refieren a necesidades de urgente solución, etc.
Si en mirada retrospectiva nos basamos en la historia, parece que esta palabra procede de un término francés: "destresse", que significaba ser: colocado bajo presión. La forma original era destress, pero con el tiempo se convirtió en stress, que significa algo desagradable. Para nuestro lenguaje, es necesario ubicar una palabra que tenga connotación entre presión y énfasis y el vocablo estrés posee este sentido.
Se lo conoce como el mal que aqueja al mayor porcentaje de la población mundial. Los síntomas son tan variados, como tipos de personalidad existen: cada persona los siente y percibe con características peculiares. Por lo general va asociado a una sensación de fatiga, cansancio y tensión generalizada.
El mundo de hoy, lejos de proporcionar espacios y momentos de relax y quietud, se halla saturado de elementos que producen tensión; que son producto del avance tecnológico que, supuestamente, se halla al servicio de la humanidad. Por ejemplo: La utilización de los teléfonos celulares se ha convertido en un elemento de intromisión en la privacidad de los usuarios, logrando como efecto secundario una dependencia física como psicológica de los timbrazos de la comunicación. Su alcance rompe con la distancia, lugares y tiempo. Quienes poseen este adelanto tecnológico se someten a tensiones extras que la mayor parte de las veces ni siquiera llegamos a imaginar.
El estrés es signo de hiperactividad, una jornada programada con sobrecarga de trabajo que signifique horas extras de atención, da como resultado personas ansiosas, tensíonadas que al final de la jornada no logran bajar los niveles de adrenalina producidos durante el día, esto genera insomnio, un sueño con sobresaltos que no logra reponer el desgaste energético y acumula tensión, presión que puede somatizarse; es decir, el cuerpo da señales de alarma y se presenta: cefaleas, gastritis, que en casos más graves degeneran en úlceras, taquicardia, falta de apetito (anorexia, etc.)
Las personas que sufren de estas patologías suelen recurrir a la automedicación o, en el mejor de los casos, consultan con médicos logrando un alivio al malestar, pero no varían el estilo de vida acostumbrado. El medicamento puede paliar el mal en forma temporal, pero los síntomas reaparecerán en forma recurrente porque no se dio importancia a los aspectos psicológicos como la fatiga, cansancio, baja productividad, tensión, que son el núcleo del problema.
En nuestro Gabinete Psicológico, podremos aplicar un Test Psicológico para medir los niveles de Estrés. ¡Lo esperamos!