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La tuberculosis es una enfermedad muy antigua, las primeras referencias sobre ésta, se encuentran en escritos del antiguo Egipto, Babilonia y China. En Bolivia constituye una de las enfermedades de mayor importancia epidemiológica.
El término tuberculosis, derivado de la palabra latina tubérculo que significa protuberancia pequeña o nódulo pequeño, no se utilizó hasta 1839. La tuberculosis ha existido desde tiempos remotos; así lo atestiguan las lesiones que se han encontrado en momias egipcias por Ruffer y otros egiptólogos.
Con el adelanto que adquirió la medicina durante la época de Grecia, las antiguas nociones que atribuían las más extrañas etiologías a esta enfermedad, ya muy diseminada, son paulatinamente desechadas y se afirma el concepto de que se trata de una afección contagiosa que puede adquirirse por intermedio del aire. Desde los albores de la historia Hipócrates, el ilustre médico de Cos contribuyó enormemente al conocimiento de la enfermedad, creando la palabra
"tisis" que quiere decir consunción.
Los estudios llevados a cabo hasta mediados del siglo XVII, no aclaran el mecanismo de infección, ni la etiología de la tuberculosis, y recién en esta época, Silonio imprime un adelanto a los conocimientos de la enfermedad después de la publicación de sus estudios anatomopatológicos, en los cuales describe con precisión el tubérculo, como lesión específica de este proceso morboso.
Es necesario, no obstante, llegar al siglo XVIII, con Laénnec para tomar conceptos más exactos; este autor sostiene que las granulaciones y las lesiones caseosas son estadios de un mismo proceso que evoluciona. Estos trabajos orientaron las investigaciones clínicas y anatomopatológicas, que adelantan evidentemente debido a la colaboración de muchos hombres de ciencia, entre otros Virchow, que establece que el tubérculo no es específico de esta enfermedad, ya que puede encontrarse también en muchas otras afecciones.
Para descubrir la etiología de la tuberculosis a fines del siglo XIX, es Villemin quien en 1865 inocula productos provenientes de hombres y animales enfermos, a distintos animales de laboratorio, especialmente al conejo, provocando tuberculosis generalizada, lo cual revela la contagiosidad de los materiales inyectados. Igualmente, demostró la posibilidad de infectar por vía inhalatoria a los animales, colocándolos en un ambiente donde mantenía en suspensión partículas de esputos pulverizados, llamando la atención, la especial patogeneidad para el conejo que mostraban los productos provenientes de vacunos.
Estos trabajos de Villemin, tienen un alto valor porque orientan las investigaciones hacia el descubrimiento de la verdadera naturaleza de la enfermedad. Sus resultados fueron ampliamente confirmados por varios experimentadores entre otros por Biffi, Mantegazza, Conheim y repetidos por otros; pero aunque completan en parte en parte las experiencias de Villemin, como Chauveau, que consigue infectar a los animales por vía digestiva, haciéndoles ingerir productos contagiosos, todas las tentativas llevadas a cabo para descubrir al agente etiológico que se sospecha con todo fundamento que era de naturaleza microbiana, tropiezan con inconvenientes insalvables que las llevan al fracaso, sin que el problema fuera resuelto.
Entre los hombres dedicados al estudio de la etiología de la tuberculosis, se encontraba el alemán Roberto Koch, quien tras minuciosas investigaciones, logra el fin propuesto. El 24 de marzo de 1882 hace a la sociedad de Fisiología de Berlín su célebre comunicación, en que da cuenta el descubrimiento del microbio causante de la tuberculosis; desde entonces se conoce este germen, que se designa comúnmente con el nombre de Bacilo de Koch.
El 10 de abril del mismo año, Koch amplia su comunicación, dando cuenta de la observación microscópica y el aislamiento de su bacilo. Ocho años después, desarrolló la prueba de la tuberculina para el diagnóstico de la enfermedad.
En 1909 Calmette y Guerin, estudiando el cultivo del bacilo, descubren la atenuación de la virulencia que sufre el tipo bovino al desarrollarse en medios con bilis. Estos trabajos fueron la base de un detenido estudio que les permite en 1913, iniciar la vacunación de los animales por intermedio de bacilos vivos de virulencia sumamente disminuida, obteniendo buenos resultados en general.
En 1921, éstos autores preparan la vacuna con el bacilo llamado Bacilo Calmette y Guerin (BCG), que es obtenido por cultivos sucesivos, hasta hacerle perder su virulencia; y desde entonces, se practica en gran escala, la vacunación preventiva del niño contra la tuberculosis.
El primer quimioterapéutico específico para la tuberculosis fue la estreptomicina, descubierta por el microbiólogo norteamericano Selman Abraham Waksman en 1944.
Los índices de mortalidad disminuyeron significativamente, como consecuencia de la utilización de una terapia con antibióticos como primer tratamiento para la tuberculosis.
A la estreptomicina, le seguía en 1948, el ácido paraamino salicílico y más tarde la isoniazida y otros fármacos que revolucionaron el tratamiento de la tuberculosis. Con el descubrimiento del etambutol en la década de los sesenta y de la rifampicina en los setenta, se llegó hasta el actual tratamiento tetraasociado. |