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AYUDAME
A SOÑAR |
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Ing. Jorge
W. Almanza |
Cada vez que ella ascendía a alturas inimaginables y descendía viva cuantas veces lo quería, cada vez que tocaba el cielo con las manos y sentía en cuerpo y alma cuanto le amaba, alborozada gritaba a los cuatro vientos.
"¿Cómo describir la felicidad de los que caminan juntos, la esperanza y la dicha de ser amantes cuando juran amarse en lo bueno y en lo adverso si yo apenas dispongo de un sencillo verso?... ¿Cómo explicar el goce aún en el dolor de los servidores del mismo amor cuando en las pruebas y las alegrías se sostienen juntos y todos los días?... ¿Y cómo dibujar la ventura de los que crecen juntos en ese amor, en la misma espiritualidad y en el señor?... ¡Imposible! No se describe ni se explica el amor, se vive; no se dibuja la paciencia ni el dolor, se siente tan naturalmente como de las flores su perfumado olor."
Como lluvia suave se echaba la palabra en su voz y como las tempraneras gotas del estío el rocío de ese amor, hasta que una noche, él había apostado a unos ojos verdes, verdes y húmedos como las selvas del Isiboro Sécure, una carta segura, viviente, conocida y contrajo algo peor que el Sida.
¡Como pesaba aquel mediodía el calor del sol! Sus ondas parecían danzar en la distancia ¡Hasta los pájaros jadeaban!... Y cómo ese mismo rostro, ahora angustiado de dolor, preguntaba a todos soñando aún con aquel amor.
-¡Háblame del amor predicador, háblame! De qué color es la esperanza, a qué sabe la confianza ¿Es azul el color de la soledad? ¿No es acaso dorado como el sol que eternamente nos da su calor?...
¡Cómo no estar angustiado por ese dolor si cada día vivía soñando su amor! Ese momento entendió claramente que el amor no muere, alguien lo mata.
Ahora que llegó el momento de despedirse, de decir adiós a todo y a todos ¿Alguna vez se le habrá ocurrido pensar siquiera que ella le amaba todo lo que una mujer puede amar a un hombre? ¡Que le amaba tanto y no quería dejárselo saber!... Sí, nunca quiso de ese ardor que lo supiese todo, sabía que la creería débil, llena de "sandeces" y trataría de usar el mismo amor contra ella ¡Era tan duro y cruel con las personas que le querían!. Quería reír, cantar, correr a buscar lo que él deseaba, sonreír cuando él sonreía y callar cuando él hablaba, seguirle con los ojos en cada gesto y en cada movimiento, incluso quería sentir el sabor amargo de sus lágrimas cuando él lloraba ¡Le amaba tanto!.
En ese lento y doloroso caminar, detuvo sus pasos en la puerta de la Catedral y allá vio los ojos más tristes de su vida, un par de ojos grandes de color castaño, brillantes y vidriosos que desde su rincón la miraban con una fijeza increíble. Eran los ojos de una niña que ni siquiera había llegado a los cinco años de edad, ojos que no le dieron ningún motivo para preguntarle nada porque no había en ellos ninguna
ilusión por nadie ni siquiera el brillo propio de la niñez, menos la alegría que se observaba en aquellos otros niños que jugaban al frente. Por el contrario esos ojos estaban llenos de otro dolor, de un dolor que aturde y de una hambre incurable, tal parece que ese dolor y esa hambre únicas sensaciones que habrá conocido la dejaron en ese estado de desnutrición... ¡La criatura se estaba muriendo de inanición!.
En un intento vano y desesperado de devolverle la salud, un canillita le pasaba por la frente su cálida mano de hermano, ese instante como tantas otras personas ella sintió más frustración de no poder hacer nada por esa niña, el vientre hinchado era señal inequívoca de que su cuerpo ya había empezado a consumirse. Resignada al insulto de la injusticia la niña no se rebeló como ella y aceptó ese dolor como el último delirio de su suerte, precursor de la ya anunciada muerte.
"¡Qué difícil es dar la espalda a la tragedia!...
¿Quién podrá ponerle más valor a la vida?" Se dijo a sí misma.Sí, ella sabía que era tarde para lamentar, tarde para llorar o remediar, tarde para decir a Colón que no desembarque. Pero, al menos pensó que debía hacer algo, trataría de compartir un último sueño, ahora estaba segura que ese final debía ser el comienzo, comienzo de una vida nueva, difícil de explicar...
Cuando parecía que al pasar las horas habían pasado también el dolor de aquella visión y la tormenta de los conflictos conyugales... Incluso el horror de aquella deslealtad, él se hizo presente en la casa.
Apenas traspuso el umbral de la puerta ingresó como una tromba y empezó a gritar, a resoplar como quien espera la batalla y está dispuesto a afrontarla.
Ella sabía que ese rostro estaba cubierto de otra máscara, una careta que representaba su enojo y un aire de superioridad, una postura de no querer hablar con nadie... ¡Cómo quería mostrarle y mostrarse a sí mismo de aquello!.
- Ven ayúdame a soñar un sueño- Le dijo con el amor retratado en su rostro -Tú sabes, los sueños se cumplen solo de quien los tiene ¿Adónde te lleva la mente cuando tú sueñas?.
- ¡Qué pregunta tan necia!- Le respondió. -Dinero y seguridad como a todo el mundo, luego la imaginación se me confunde.
Había pensado solo en comer y beber, había pensado en comprar y vender, en matar o morir si acaso fuera la ocasión y hasta alguna vez en amar, pero, ni remotamente en pedir perdón ni perdonar.
- ¿No sabes que para soñar no siempre es necesario dormir?- Le volvió a decir con los labios y con la mirada, como si sus pupilas quisieran envolverle en una larga caricia -Todo empieza en blanco y negro,
luego se viaja hacia una luz blanca donde no hay mas conciencia del mal, cuando se siente que el espíritu se desprende ¡Es como nacer de nuevo!.
-¡Lástima!... ¡Compasión!... No. Son los peores sentimientos.
- Autocompasión tampoco, es peor todavía... Ven, ayúdame a soñar este sueño, a fijar en la mente de los niños cosas nuevas. Ayúdame a construir un mundo nuevo, un mundo de paz, de amor y de justicia... ¡Un mundo que sobreviva para contarle al universo!.
AUTOR :
Jorge W. Almanza, C.I. 399714 LP. INGENIERO CIVIL, docente de ESTRUCTURAS, carreras de Ingeniería Civil y Arquitectura de la Universidad Privada del Valle.Dirección : Avenida Excombatientes Nº 1555
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