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RESUMEN
Desde su nacimiento, en 1825, Bolivia ha enfrentado el problema de su identidad: es un país de dominancia andina o bien una construcción territorial transregional que suelda artificialmente regiones de medios físicos muy diversificados, como poblaciones que presentan una profunda heterogeneidad.
Desde fines de 2003, en Bolivia ha aparecido una nueva visión que recompone el concepto de oriente, la de la media luna. Esta reivindica un territorio que forma una media luna, por lo menos cartográfica, visión acompañada de una prolífica literatura, tanto periodística, como en forma de artículos de prensa y comunicados. Esta visión resiste a los hechos y sobre todo, al nuevo peso tomado por ciertas realidades que malogran actualmente la unidad de Bolivia e implican una recomposición del rol tradicional de los actores.
Al viejo corte geográfico existente entre Altiplano y tierras bajas o llanos, desde unas décadas se sobrepone una nueva fuente de divorcio, la del estatuto de la explotación de las nuevas riquezas en hidrocarburos, de la repartición de estas riquezas y de su utilización por una política nacional de desarrollo. Así, vuelve a la escena un antiguo debate cargado de contiendas y jamás verdaderamente arbitrado, entre la Bolivia interior o andina, y la Bolivia exterior o del Oriente, aquella que hace poco ha tomado como referencia el nombre de media luna.
Una serie de problemáticas derivan de esta división, sea artificial o real, a gusto de los protagonistas, que lleva a interrogarse sobre la naturaleza y la realidad de este nuevo concepto de media luna.
1. El concepto de Oriente en la historia boliviana
Cuando Bolivia toma unilateralmente su independencia en 1825, presupone en forma perentoria, que sus fronteras coinciden con las de la Audiencia colonial de Charcas. Toda la política exterior de Bolivia hasta 1938, con la firma del tratado de Buenos Aires que clausura la Guerra del Chaco (1933-1935), fue orientada por aquella concepción.
Está muy claro que una de las causas principales de la serie de mutilaciones territoriales que han despojado de más de la mitad del territorio reivindicado por Bolivia desde 1825, descansa en esta visión imperial andina, pero geográficamente alejada de la realidad, la de una Gran Bolivia que conserva fronteras coloniales estrictamente ficticias en el terreno.
1.1. Los Orientes: Un concepto confuso y una existencia virtual
En 1825, para los nuevos dirigentes del país, Bolivia es la Audiencia de Charcas, es decir la cobertura de una vasta empresa territorial, pero confusa, porque no está delimitada por falta de exploración y de población, que se extiende al norte hasta el río Purus, tiene una extensión sobre el río Madera, una frontera común e histórica con el Brasil, siguiendo el río Itenez (o Guaporé para el Brasil) y se enlaza luego con el río Paraguay y reivindica el Chaco, virgen de toda ocupación hasta Asunción.
Reivindica al sur la provincia de Tarija, anexada por la administración colonial al norte argentino, provincia de Salta, y que después de un referéndum, llegará al seno boliviano. Sobre todo, dispone de una costa marítima con el puerto de Cobija, en pleno desierto de Atacama.
Así su posición central en el corazón del continente es extremadamente favorable, al menos en teoría, puesto que cuenta con una gran herencia española abierta sobre el océano Pacífico, y dispone de un acceso hacia la cuenca del Plata y el Atlántico.
Sin embargo, desde la independencia, Perú y Argentina reclaman contradictoriamente, parte o la totalidad de Charcas, porque estos dos países no han admitido la creación espontánea de Bolivia. Charcas, en efecto, había pertenecido alternativamente a los virreinatos de Lima hasta 1776, luego de La Plata hasta 1810, fecha en la que retrocede al virreinato de Lima a raíz de los conflictos revolucionarios que estallaron. Otro interviniente en la querella fronteriza, el Brasil2, convertido en independiente del Portugal y que persigue la vieja política portuguesa de control de los grandes rios hasta los contrafuertes andinos, o bien para alcanzar la costa del Pacífico.
Finalmente, al sud-oeste del país, quedaba pendiente el problema de la soberanía sobre el Chaco, una de las raras regiones de América del Sur, libre de toda colonización española por el hecho de la dura resistencia de sus bravas tribus. Ahora bien, otro nuevo Estado, pequeño y también enclaustrado, pero preocupado por crecer, se interesaba en el Chaco, el Paraguay, y se opuso a las pretensiones bolivianas como la Argentina.
Con las condiciones geopolíticas existentes, los desengaños sólo podían acumularse en el curso de esa visión política de la Gran Bolivia, al principio a causa de la incapacidad física, la falta de vías de comunicación para administrar tal extensión, la falta también de medios de un Estado nacido endeudado, como por falta de hombres para colonizar. Recordemos que en la independencia, Pentland4 estima en un millón la población, y que el primer censo que tenía un mínimo de credibilidad, el de M.V. Ballivián en 1900, alcanzó apenas a 1,6 millones de almas para una superficie de 2,3 millones de Km2.
Esta Bolivia exterior presentaba por tanto, todos los caracteres de una apuesta geográfica que aglomeraba territorios extremadamente heterogéneos, casi despoblados en el oriente, donde quedaban para explorar y administrar, y una soberanía que debía ser reconocida por los países vecinos. Un diplomático español, Badia Malagrida, en su tesis publicada en 1919, sostiene que
"Bolivia es un absurdo geográfico".
1.2. El estado demográfico de los Orientes de 1825 a 1950
Si partimos de las bases demográficas del primer censo de 1900, los orientes bolivianos son desprovistos de población, ciertamente con grados variables. Obra producida por una Bolivia con un arraigo económico y demográfico concentrado desde la Colonia en el Altiplano, la Bolivia oriental no ha tenido ningún peso en la vida nacional, salvo episódicamente, durante el boom de la goma, de 1880 a 1910.
En 1900, el Oriente boliviano está dividido en dos departamentos, Santa Cruz y Beni, y un territorio llamado de las Colonias del N. O., que comprende el Acre. La superficie de este vasto conjunto es propiamente desmesurada, alcanza a 1.128. 514 km2.
Por el contrario, la población del Oriente es entonces irrisoria, con 209. 593 habitantes para el departamento de Santa Cruz, 25. 680 para el del Beni y 7. 228 para el Territorio de las Colonias, da un total de 241 500 personas censadas, o sea una densidad de 0,20 por km2.
El motor de la actividad oriental desde 1880, la goma, entró en crisis en 1910 en el conjunto de la cuenca amazónica, con la llegada de las nuevas producciones de las plantaciones del sud este asiático. Si en el Brasil y en el Perú la crisis es brutal, Bolivia, aunque severamente afectada, tendrá un respiro aumentando sus ventas a los Estados Unidos y por la baja de los precios. En lo que concierne a la población de las principales zonas de recolección de goma, se estima que bajó entre 8 .000 y 10. 000 personas, contra por lo menos 30. 000 de antes.
El Oriente entra así en una profunda crisis, aquella propia del azar de las economías puramente extractivas, y que perdurará hasta los años 1950.
Cuadro 1. Evolución de la población de los departamento del Oriente 1950-1992 Fuente INE.

De este salto de la población que se quintuplica en cincuenta años, resulta evidentemente un efecto en la densidad, pero de una intensidad zonal variable, según los departamentos, como al interior de las diferentes provincias.
Las causas de este crecimiento son de diferentes órdenes:
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Las migraciones, organizadas o espontáneas, que provienen de los departamentos vecinos andinos, constituyen un factor decisivo que explica este crecimiento demográfico.
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El despegue de la agricultura como de los servicios, de las actividades agro-industriales y del sector de la energía y de obras públicas, explican una fuerte demanda de mano de obra.
Cuadro 2. Densidades departamentales. Evolución 1950-2001. Fuente INE.

Los resultados de los últimos censos destacan netamente la importancia capital tomada por el departamento de Santa Cruz que acumula un potencial espacial, demográfico y económico sin punto de comparación con los otros departamentos orientales, los del Beni y sobre todo el de Pando que se quedó en embrión. A lado de estos importantes aportes de población rural, se debe notar la aparición de un vigoroso empuje de la urbanización en la ciudad de Santa Cruz.
Si el censo de 1950 sólo tomaba en consideración la existencia de ocho poblados de más de 200 habitantes, el de 1976 estableció la existencia de veintidós localidades - de más de 2000 habitantes - que están en la base de la creación de una red urbana secundaria, lo que es un hecho nuevo, pero localizado principalmente en la periferia regional de Santa Cruz. En 1992, se manifiesta un nuevo avance de la urbanización, con cincuenta y dos localidades del departamento, pobladas con más de 2000 habitantes.
Así, en el censo del 2001, la aglomeración de Santa Cruz aparece como capital duplicada de Bolivia. Registra un fuerte aumento de su población
urbana que pasa de 41 461 habitantes en 1950, a 254 682 en 1976; 697 278 en 1992 y alcanza 1 135 526 personas censadas en el 2001, es decir un crecimiento entre 1992 y 2001 de 4,29% por año, contra 6,98% en el periodo 1976 en 1992, lo que indica una neta baja de los flujos migratorios.
Las disparidades regionales: Beni y Pando
Para el Beni, el crecimiento demográfico es también decididamente positivo, la población pasa de 168 367 habitantes en 1976, a 362 521 en el 2001, una fuerte progresión que mejora una muy baja densidad de 0,72 en 1976 y que llega a 1,7 el 2001. Pero varias provincias conservan densidades netamente inferiores. Solo la provincia del Cercado, de la capital Trinidad, alcanza a más de 5 por Km2 - La tasa de migración es más débil, sin punto de comparación con la del departamento de Santa Cruz. Estas migraciones provienen en principio del departamento de La Paz, de Santa Cruz y Cochabamba, y por consiguiente, de los Andes.
Creado en 1938, el departamento de Pando queda como una reliquia de un pasado caduco marcado por el boom de la goma. En efecto, Pando no tiene ni el peso demográfico, ni la actividad económica, ni los medios de comunicación aptos para hacer de él un verdadero departamento; además, está sometido a una fuerte influencia del Brasil, desde el punto de vista demográfico y económico.
Su población, hasta 1992, es aún insignificante, con solamente 38 072 habitantes contra 34 493 en 1976; pero entre 1992 y 2001, bajo el efecto de la llegada de migrantes andinos, se asiste a una neta renovación marcada por un crecimiento de 3,48% por año, pero principalmente urbano, que lleva la población a 55 525 personas.
1.3. Un Oriente enclaustrado en una Bolivia prisionera al centro del continente
El enclaustramiento en el encierro nacional, tal parece ser el destino de los Orientes hasta los años 1950. Esta situación es congénita al nacimiento del Estado boliviano, y se ha esgrimido desde los primeros escritos, especialmente por Pentland que señala la escasez de caminos, y en algunos ejes existentes, la ausencia de transporte por carretera por falta de comercio…
Hubo, por cierto, una toma de conciencia del Estado y algunas tentativas de sacar al oriente de su olvido, de su inexistencia económica y de su postergación social. Esta fue obra del presidente J. Ballivián, un general de gran visión que hizo emprender por el ingeniero Bertrès y el prefecto Palacios, una serie de exploraciones y una cartografía sucinta de estas vastas regiones. La creación del nuevo departamento del Beni en 1842, correspondía así a una doble preocupación: transformar a los indígenas mayoritarios, pero esclavizados por los criollos, en ciudadanos, y colonizar un país portador de grandes potencialidades económicas en letargo, en zona de prosperidad. Pero una vez fuera del poder Ballivián, su política oriental cayó en el olvido y las rutinas se impusieron.
Tanto los mapas de la época, como los testimonios de los viajeros lo atestiguan: circular en el oriente es a la vez un acto de audacia y de abnegación, sobre todo en época de lluvias (con la inundación de una parte del territorio en el Beni). En 1903, cuando el presidente J.M. Pando toma audazmente el mando del pequeño ejército boliviano que sale de La Paz para llegar al Acre invadido por los brasileños, su tropa emplea semanas para alcanzar, pero exhausta, su objetivo.
Como por las guerras del Pacífico de 1879 a 1884, del Acre en 1903, del Chaco de 1933 a 1935, las amputaciones territoriales sufridas por Bolivia se deben, en parte, a la ausencia de una red de comunicación que por sí sola habría suscitado un embrión de colonización.
Asimismo, por falta de carreteras viables en toda estación, el Oriente queda relegado a una vida vegetativa, una vez que se desvaneció la era de la goma, y replegado en sí mismo. Desde el punto de vista económico, la única actividad se limita a la ganadería extensiva, a la explotación de algunos yacimientos de oro, y a magros cultivos de caña de azúcar, café y cacao en las antiguas misiones jesuíticas.
La política de creación de ferrocarriles inicia por la prioridad asignada a los centros mineros andinos: es un planeamiento que ignora, por falta de recursos, las regiones orientales. Así, el ferrocarril se instala en las regiones entonces más dinámicas del macizo andino, las de las minas de plata de Potosí y Oruro, abandonando las vastas regiones del oriente, desprovistas de caminos como de recursos explotados por falta de medios de transporte.
En 1898, el mapa nacional de L. García Mesa indica el estado embrionario de la red caminera. Sólo una dorsal en buen estado atraviesa de norte a sur el Altiplano, algunas vías de abastecimiento regional se insertan hacia Cochabamba, Santa Cruz y Trinidad y llevan, por pistas en muy mal estado de transitabilidad, hacia el río Paraguay o el Chaco central.
Si en 1950 el mapa de René Camacho da cuenta de un innegable mejoramiento de la red terrestre, esta concierne el Altiplano y las vías que conducen a las fronteras de Argentina y Brasil a partir de Santa Cruz.
Por el contrario, el ferrocarril llegado del Brasil arriba a Santa Cruz que, del mismo modo, está conectada por vía férrea a la Argentina. La conclusión del eje caminero Santa Cruz-Cochabamba en 1954, será otro paso capital en los esfuerzos de desenclaustramiento del Oriente.
Será necesario esperar a 1992, con el mapa nacional del IGM, para poder darse cuenta de un indiscutible mejoramiento de las comunicaciones, especialmente con el eje caminero La Paz-Cochabamba-Santa Cruz. Desde entonces, la situación ha mejorado progresivamente y se debe notar la conclusión de la conexión caminera Santa Cruz-Trinidad.
Por la red fluvial, se hizo poco en el Oriente por falta de población suficiente, como de flete. Notamos, sin embargo, una iniciativa reciente y en pleno desarrollo, con la extensión de Puerto Aguirre, gracias a la iniciativa privada. Este puerto, situado en el canal de Tamango, sirve de embarcadero para la importante producción de soya de Santa Cruz y parece que tendrá un buen futuro.
Esta antigua deficiencia de medios de transporte camineros, debe por cierto, ser relativizada con el desarrollo, desde los años 1930, de los transportes aéreos que han paliado el aislamiento, por mucho tiempo total en la estación de lluvias, de gran parte de los poblados orientales.
Actualmente, muchos proyectos internacionales buscan una articulación caminera de Bolivia oriental, sea con el Brasil, como con el Paraguay y la Argentina. En estos últimos años se ha recordado con insistencia la idea de un corredor transoceánico que una la costa atlántica a la del Pacífico, atravesando Bolivia de Puerto Suárez a Santa Cruz, y que se dirija luego a un puerto chileno. Este proyecto prevería un doble eje - caminero y ferroviario - pero hay que interrogarse sobre su justificación económica actual, como sobre su factibilidad geopolítica, tomando en cuenta por lo menos el estado actual de las relaciones entre Bolivia y Chile… Así, parece más seguro confiar en una probable puesta en obra de la conclusión del eje caminero que une Santa Cruz a Puerto Suárez, en la frontera del Brasil y para el cual las condiciones parecen por fin reunidas, con la ayuda del Brasil.
En conclusión, el enclaustramiento del Oriente al interior del conjunto boliviano, ha sido ampliamente reducido desde unas cinco décadas y el Oriente dispone por carretera, avión y ferrocarril, de medios ciertamente mejorables, que rompen esta antigua fatalidad. Sin embargo, queda mucho todavía por hacer para sacar al departamento de Pando de su quasi aislamiento terrestre, para mejorar efectivamente los lazos al interior de los departamentos y de sus diferentes provincias.
II El despertar del Oriente desde 1950
El fin del letargo del oriente boliviano comienza durante los años ´50. Una serie de factores diferentes, pero convergentes, explica esta nueva situación. El más importante, seguramente, es de orden demográfico, pero sólo encuentra explicación en la innegable renovación económica que caracteriza una parte de la región después de 1950. Este mejoramiento se basa en dos fenómenos concomitantes, uno de orden agrícola, otro de orden minero, con los descubrimientos de recursos energéticos interesantes.
Sin embargo, se impone una precisión: el milagro oriental, es decir hecho de crecimiento demográfico fuerte y de desarrollo económico, sólo implica una parte limitada del oriente, es decir la ciudad de Santa Cruz y su gran periferia, con un radio de un centenar de kilómetros, y las provincias adyacentes, como Santiesteban, Sara, Cordillera o Chiquitos. Se trata, entonces, de un desarrollo circunscrito que deja aislado el grueso del oriente, donde los progresos son o mucho más reducidos o lentos, sino inexistentes.
2.1. Las migraciones y la extensión de la frontera agrícola
Las migraciones hacia el departamento de Santa Cruz son consignadas en el censo de 1976, en comparación con el de 1950. Estas migraciones son de carácter rural y resultan del impacto causado en las tierras andinas por los efectos de la Reforma Agraria de 1953.
Esta reforma ha sido a menudo portadora de decepciones para los campesinos sin tierra, o demasiado limitada en sus comunidades, o estos más ambiciosos. Sobre todo, los comentadores son unánimes al deplorar que esta reforma finalmente se haya reducido a una simple redistribución rural, por falta de medios económicos, como de técnicas adecuadas que permitieran proporcionar un apoyo a los pequeños campesinos.
Por el contrario, en oriente, principalmente en una amplia sección alrededor de Santa Cruz, se desenvolvió una política de fomento a la agricultura comercial que buscaba salarios agrícolas. Tierras nuevas eran también accesibles a los recién llegados, a base de programas gubernamentales apoyados por la cooperación internacional.
Esta atracción se explica también por el hecho que la Reforma Agraria de 1953 sólo fue realmente efectiva en el Altiplano y los valles, pero en el Oriente fue sólo simbólica.
En los llanos, la estructura agraria había permanecido arcaica, con grandes extensiones rurales indivisas al interior de las familias, falta de actividades alternativas a la ganadería extensiva, fórmula patriarcal de indivisión ya denunciada el siglo XVIII por el gobernador Viedma, como un siglo más tarde por informes de prefectos impotentes frente al inmobilismo de los métodos – con el rechazo de las vacunas del ganado. También el Estado, por muchos motivos: el temor de un movimiento autonomista en Santa Cruz impulsado por las viejas familias, el peso de las realidades económicas y las presiones de los Estados Unidos que desde el plan Bohan de 1943, habían invertido mucho en la región, se limitó a una reforma a las antípodas de la impuesta en el macizo andino.
Para el gobierno, la urgencia era favorecer en el Oriente, el lanzamiento de grandes programas subvencionados por fondos públicos o internacionales, que permitieran el cultivo del arroz, algodón y caña de azúcar, todos productos de los cuales Bolivia era deficitaria y debía asegurar costosas importaciones del exterior.
En consecuencia, la reforma agraria fue limitada en oriente y, al contrario del Altiplano, fueron aportados generosamente créditos y ayudas técnicas para la renovación de las haciendas, para la mecanización, y la extensión, si necesaria, de sus empresas agrícolas.
Este vasto programa necesitaba una abundante mano de obra que localmente faltaba, lo que explica los estímulos dados inicialmente a las migraciones rurales andinas, hacia el oriente de Santa Cruz. Estímulos que encontraron una respuesta favorable, ya que muchos campesinos estaban satisfechos, tanto con las perspectivas ofrecidas por el salario, como de un acceso a la propiedad de lotes de colonización.
2.2. Una revolución verde en Oriente
Las publicaciones de los especialistas, como de las organizaciones agrarias, permiten seguir las fases de esta revolución verde que se desarrolla en una parte del Oriente a partir de 1955 y que se extiende y se amplía progresivamente.
Se puede fijar a principios de los años 1950 el despegue de la economía de Santa Cruz. Fue preparado, a partir de 1941, por las recomendaciones del informe
Bohan, redactado por una comisión de cooperación de los Estados Unidos. La misión Bohan había determinado las grandes orientaciones futuras de la política de desarrollo de los Orientes, otorgando una neta prioridad al sector de Santa Cruz. Hubo avances con el éxito de los nuevos cultivos de arroz, caña de azúcar, algunos fracasos con el algodón; luego, un viraje después de 1980, con la amplitud tomada por la extensión del cinturón de oleaginosas, basadas en principio en la soya, luego extendiéndose al girasol.
Tal como lo señalan los estudios sobre la situación rural del Oriente después de 1953, el Servicio Nacional de Reforma Agraria (SNRA), creado en 1953, y el Instituto Nacional de Colonización (INC) en 1965, aseguraron en total la distribución o redistribución de 26 millones de hectáreas en Oriente, de los cuales 22,8 millones de hectáreas (87, 6%) a 78 000 propietarios y 3,2 millones a 77 000 pequeños agricultores.
La significación de esta situación es clara: se ha instaurado un nuevo latifundio moderno y capitalista en menos de cinco décadas. Sin embargo, su extensión económica como social es variable de acuerdo con las diversas regiones orientales8. Mientras que Santa Cruz concentra el grueso de los grandes cultivos (arroz, caña de azúcar, soya y girasol) así como una importante ganadería bovina, el Beni dispone principalmente de una gran ganadería extensiva, con los rebaños más importantes de Bolivia, mientras que Pando obtiene rentas de la ganadería y de la explotación de la madera de los bosques y de la castaña.
Actualmente, el cultivo dominante es el de la soya que ha empezado en 1970 y ha alcanzado a 600 000 hectáreas en 2003. Su zona de expansión se sitúa en un radio de 160 km alrededor de Santa Cruz, alcanzando una fuerte densidad en el eje este-oeste Paillón-Los Troncos y a lo largo del curso del río Grande. Con 80% del total cultivado, la soya9 representa la principal producción exportada. Es cultivada en medianas o grandes empresas que se dedican también al trigo, al maíz y al algodón, utilizados por la rotación de los cultivos. La soya está caracterizada por la introducción de nuevas tecnologías, como por la utilización de semillas mejoradas en el caso del girasol. Da lugar a dos campañas agrícolas anuales, con el uso de máquinas agrícolas, de control fitosanitario, el recurso a semillas calificadas y a siembras directas para preservar la fertilidad de los suelos; estas técnicas son moneda corriente en las medianas y grandes explotaciones. El algodón está sobre todo en las medianas explotaciones (54,5%) o grandes, con el rol importante jugado por los menonitas.
Está claro así, y las estadísticas lo demuestran, que es la parte activa del cinturón de oleaginosas que ha hecho, desde por lo menos una veintena de años, el objeto de las inversiones más rentables, provocando así un neto enriquecimiento del precio medio de la tierra, reforzado también por adquisiciones especulativas.
Desde el punto de vista humano, se puede notar, junto con la llegada regular hasta nuestros días, de fuertes contingentes de migrantes llegados del macizo andino, la introducción de colonos asiáticos (Japoneses y Okinawas) en pequeño número y orientados hacia el cultivo del arroz.
Son sobre todo los aportes de los colonos menonitas, a partir de fines de los años 1950, para los primeros, llegados primero del vecino Paraguay, luego de México y de Canadá, que representan el grueso de los elementos que forman la nueva estructura de la agricultura oriental. Están instalados en una cuarentena de colonias que cuentan hoy al menos con 40 000 personas, y de 6 000 a 8 000 explotaciones agrícolas de 200 hectáreas en promedio.
Estos colonos han sido la base de un desarrollo consecuente de la actividad agrícola, tanto por la ganadería (con la rama de leche y queso), como por los cultivos de maíz y soya.
2.3. Una reserva de recursos en hidrocarburos
El descubrimiento de indicios de hidrocarburos remonta oficialmente a fines del siglo XIX, pero fue localizado en la zona geológica sub-andina. Después de varios fracasos, tanto de empresarios nacionales (tales como Luís Lavadenz o Manuel Cuellar), como de pequeñas sociedades extranjeras (Lavering), el arribo de la compañía Standard Oil en 1921, lanza oficialmente una búsqueda petrolera. Durante mucho tiempo fue limitada solamente a los departamentos de Tarija y Santa Cruz, donde se efectuaron los primeros descubrimientos y la instalación de los primeros pozos de explotación petrolera.
Hasta 1936, a causa de la interrupción de las actividades de exploración por la Guerra del Chaco, como de la política propia a esta compañía que parecía preferir detectar yacimientos, pero diferir su explotación, la producción de petróleo boliviano es reducida, quedando como no significativa a escala sudamericana.
Es sólo a partir de 1938, luego de la nacionalización de los bienes y actividades de la Standar Oil, y con la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), la compañía nacional de petróleos bolivianos, que la investigación se intensifica y que la explotación comienza a partir de la década del
'40.
En los años ’60, YPFB logrará alcanzar la autosatisfacción de las necesidades petrolíferas de Bolivia, luego ingresará esporádicamente en los circuitos de exportación a pequeña escala, porque la falta de financiamiento y de medios técnicos, limitaron la sociedad, sometida, por otra parte, a una concurrencia de sociedades extranjeras que gozaban de condiciones fiscales privilegiadas, gracias al Código Davenport.
A partir de 1990, el estado de exploración indica también que junto con recursos petrolíferos que permanecen modestos, Bolivia dispone de interesantes yacimientos de gas y se preparan proyectos de exportación al Brasil, que sufre de falta de energía.
En 1996, luego de largas tratativas, la firma de un contrato de venta de gas, transportado de Bolivia al Brasil por gasoducto, emprende una política de exportación.
Simultáneamente, el gobierno liberal de la época hace implementar una reforma profunda del status jurídico de las empresas petroleras, con la aplicación de la Ley de Capitalización y una nueva ley de hidrocarburos. YPFB es por tanto desmantelado en 1996 y se concedieron amplias ventajas fiscales a las sociedades extranjeras.
Estas distintas medidas liberales incitan, a partir de 1997, a una importante inversión de sociedades que permiten en algunos años transformar profundamente el panorama energético de Bolivia y sobre todo, asignar un peso nuevo con una dominación económica al oriente boliviano. Hay que notar que el nuevo horizonte energético que se ha abierto en Bolivia, ya no descansa sólo en la explotación del petróleo, sino en la de los vastos yacimientos de gas (con San Antonio, San Alberto) cuya puesta en explotación ha comenzado desde menos de una década.
Estos nuevos recursos conllevan otra consecuencia importante, la de la externalización acelerada de los intercambios bolivianos, y, como corolario, su apertura cada vez más fuerte a una economía globalizada que le impone reglas de funcionamiento y de mercado, y su código de conducta política.
Otra consecuencia, y no de las menores, es que cerca del 50% de las exportaciones bolivianas derivan actualmente de los recursos orientales, ya sea agrícolas o energéticos, lo que ha puesto fin, después de una veintena de años, al monopolio exclusivo detentado por el Altiplano y su actividad minera, basadas entonces en la explotación del estaño.
Debido a esto, el Estado central que descansa en una estructura de poder político durante mucho tiempo casi exclusivamente andina, se ve desposeído política y económicamente del quasi monopolio económico que detentaba desde la fundación de la República; políticamente, con el crecimiento demográfico del oriente, cuyas consecuencias aún no han sido expuestas a nivel de la representación nacional (diputados y senadores) que forman el Congreso Nacional. Esta mutación implica, a corto plazo, un peso creciente del Oriente en el juego político, y en consecuencia, una renovación de las mentalidades de un personal político que quedó marcado por una cultura andina.
Económicamente, el lugar preminente del oriente está reforzado por su peso en el eje urbano dominante, formado por la tríada urbana La Paz-Cochabamba-Santa Cruz que aglutina al 70% de la población total del país y 80% de su actividad económica. Otro cambio brutal y de consecuencia pesada para un país que hasta 1950, contaba con el 75% de su población rural.
El lugar ocupado por Santa Cruz a nivel de su PIB, confirma claramente su relativa posición privilegiada al interior del conjunto boliviano.
Cuadro 3: Evolución del PIB per capita departamental (en dólares constante desde 1990) Fuente: Informe de desarrollo humano en Bolivia, 2002 PNUD.

Sin embargo, sería un error percibir al Oriente como un bloque económico homogéneo, debido a que existen serias disparidades en un conjunto vasto, pero que en realidad es heterogéneo, y presenta una serie de situaciones socio-económicas muy variables y cargadas de consecuencias futuras.
Cuadro 4 Estado de las reservas en gas según su régimen fiscal en 1996. Fuente: Villegas Quiroga de un informe 2002 de YPFB.

Este cuadro es muy interesante, porque indica profundos cambios, tanto en el curso de la repartición de los sitios de explotación del gas, como de sus ingresos fiscales esperados a corto plazo. En efecto, si se toma el caso de los recursos existentes, es decir según la nomenclatura de la Ley de Hidrocarburos de 1996, descubiertos y explotados antes de 1996, gravados con una tributación de 30%, se nota que el año 2002, Santa Cruz ocupa una posición ampliamente dominante, seguida en grado bastante menor por Chuquisaca. Por el contrario, Cochabamba y Tarija sólo juegan un rol subsidiario.
Por el
"nuevo gas", es decir sometido a una tributación de sólo el 18%, las posiciones relativamente fuertes de Santa Cruz y Chuquisaca, literalmente se derrumban, mientras que un solo departamento, Tarija, dispone del 87% del total del nuevo gas y, por consiguiente, absorberá al final lo esencial de los ingresos de los hidrocarburos asignados a los departamentos.
Este desplazamiento de la riqueza gasífera efectuado en algunos años, es significativo de la fluidez de la situación energética en Bolivia y de las nuevas realidades que de eso derivan en la repartición de los roles al interior de la media luna. Ni Pando ni Beni disponen actualmente de recursos propios en gas, los de Cochabamba y Chuquisaca, en las proyecciones futuras sobre el estado actual de las reservas, tienden hacia un punto residual.
Para el petróleo, recordemos que las reservas actuales están estimadas en 900 millones de barriles, o sea el cuádruple de su estado en 1996, se ha instaurado un escenario comparable al del gas, con las mismas consecuencias. Para el petróleo dicho existente y sus condensados (tributación de 30%), Santa Cruz dispone de la gran mayoría de las reservas, mientras que Chuquisaca y Cochabamba ocupan solo un lugar muy secundario y Tarija un rango menor. Pero esta perspectiva se da la vuelta si se toma en cuenta el petróleo nuevo. Tarija toma un rango casi exclusivo, relegando los otros departamentos productores, a lugares marginales.
Cuadro 5 Estado de las reservas de petróleo según el régimen fiscal de 1996. Fuente Villegas Quiroga de un informe 2002 de YPFB.

Las consecuencias subyacentes en estos dos cuadros son capitales: la pérdida de los ingresos fiscales se anuncia grave para Santa Cruz y desastrosa para Chuquisaca, un departamento pobre.
Tarija se convierte así en una suerte de provincia-emirato que, disponiendo de más del 80% del conjunto de reservas en hidrocarburos conocidas en el país, detendrá un quasi monopolio de la explotación y de los beneficios obtenidos. Ahora bien, las esperanzas de los defensores de la media luna se basan en los recursos energéticos.
En 2010, salvo nuevos e importantes descubrimientos, la renta de los hidrocarburos estará esencialmente concentrada en este pequeño y poco poblado departamento, salvo si la nueva ley de hidrocarburos, esperada para 2005, modifica sensiblemente el régimen de regalías acordadas a los departamentos productores.
Esta situación de agotamiento a corto plazo de la riqueza en reservas de hidrocarburos de Santa Cruz, explica por cierto el debate que se ha abierto en octubre de 2004, cuando la compañía Total ha reconocido haber descubierto un nuevo yacimiento de gas de cierta importancia en Incahuasi, en el límite administrativo de los departamentos de Chuquisaca y Santa Cruz. El vigor de la reivindicación de la propiedad de este yacimiento entre estos departamentos contiguos, mucho antes de que fuera conocida su importancia real y su valor comercial, indica exactamente que los ediles departamentales son concientes del agotamiento a término de una importante fuente de ingresos, salvo nuevos descubrimientos de interés económico.
Se nota que la parte andina del país, de alrededor 450 000 Km2, no figura en este inventario. Esto es debido al hecho que después de algunos fracasos iniciales, la investigación se concentró en los departamentos orientales, luego más recientemente en Cochabamba, donde ha registrado resultados positivos.
Otra consecuencia deriva del estado actual de las reservas en hidrocarburos, con la estructuración de gran parte de los departamentos de Tarija y Santa Cruz con los oleoductos, gasoductos, refinerías y campos de explotación de petróleo y de gas. Todas estas redes han sido construidas o ampliadas por las sociedades extranjeras que se han convertido en sus propietarios mayoritarios.
Las dificultades del Congreso Nacional boliviano para concretar una nueva ley de hidrocarburos que revise los privilegios acordados en 1996, conservando la presencia de las petroleras extranjeras, atestiguan el peso tanto nacional, como internacional de estas sociedades.
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Hay cuatro yacimientos de los cuales dos agrupados que concentran el grueso de las reservas: San Alberto y San Antonio, Itaú y Margarita.
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Compañías occidentales situadas entre las diez primeras mundiales están presentes, ocupando un lugar dominante en la “torta boliviana”, con TotalFinaElf, British Petroleum (B.P.) o Repsol, y otras grandes compañías americanas, inglesas, argentinas y brasileñas están presentes también, como Petrobrás, Maxus, B.P. o Andina.
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Los lazos cruzados que se han constituido entre ellas para la explotación de los campos, les da e impone una fuerte solidaridad, tanto para la explotación, como para la comercialización de los productos.
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Frente a este conglomerado de compañías potentes y a veces portadoras de un pabellón nacional (Petrobras, Total, Repsol), el Estado boliviano se encuentra sometido a un grupo de presión que debe manejar con cautela.
3.
La media luna oriental: ¿creciente o menguante?
El debate regionalista, con su desviación federal, es antiguo en Bolivia. Encuentra un antecedente notable en la guerra federal de 1899 que opuso Sucre a La Paz, bajo el pretexto de establecer un sistema federal, pero que fue pronto repudiado por los vencedores, el campo de los federalistas de La Paz, conducido por el general J. M. Pando. Esta guerra había dado a las poblaciones rurales de origen indio, la esperanza de revertir la omnipotencia del poder criollo, como lo ha establecido acertadamente Condarco Morales. Su tentativa de revuelta fue quebrada y la cuestión federal provisionalmente enterrada.
La guerra del Chaco, que terminó con un desastre sin precedente para Bolivia, debía despertar de nuevo la cuestión del federalismo. En efecto, la propaganda paraguaya había aportado sus esfuerzos, pero en vano, hacia un despertar del nacionalismo oriental, con la esperanza de sacar partido del oriente del zócalo andino.
A partir de estos antecedentes históricos, ¿cuál es actualmente, más allá de los mitos y las declaraciones partidarias, la situación de la media luna oriental?.
3.1. La evolución de los Orientes en el seno del Estado unitario boliviano
El sur boliviano, centrado alrededor de Tarija, es un ejemplo interesante de región que sufre los contragolpes de los acontecimientos históricos, como de su situación geográfica. Tarija, desde su creación por los Españoles, se convierte en una ciudad-enlace entre el norte del Altiplano y sus minas, y La Plata o Argentina actual al sur, que en la época forma el virreinato de Buenos Aires. Es por Tarija que pasa una de las rutas imperiales que permiten alcanzar la vía del Atlántico. Su posición geográfica la pone también en una proximidad relativa de las costas del Pacífico, por tanto de un litoral que fue boliviano hasta 1884.
Además, Tarija, en la segunda mitad del siglo XIX, intenta, impulsando a sus colonos y exploradores, colonizar las comarcas aún desconocidas y pobladas de tribus indias bravas del Chaco central. Estos impulsos ponen en competencia y oposición a Tarija con los departamentos de Chuquisaca y de Santa Cruz que esgrimen las mismas ambiciones, puesto que la creencia de la época era que el Chaco era potencialmente rico. Los avances del Paraguay, a partir de 1900, debían hacer vanas estas tentativas.
El Oriente de Santa Cruz
Como escribe un regionalista
convencido (Roca, 1999), pero apegado a la unidad intrínseca de Bolivia, Santa Cruz presenta una primera particularidad importante, porque ha escapado en todo tiempo de la influencia de la cultura de Tihuanaco, como de los serranos aymaras, los Collas. Una doble demarcación, de altitud y étnica, ha separado desde los albores de la historia del poblamiento, los pueblos andinos de las tribus semi-nómadas llamadas de los Cambas (o Guaraníes) que gravitan en las tierras bajas, lo que no excluía expediciones incas hacia los llanos, como razzías guaraníes hacia los valles altos.
Los primeros contactos institucionalizados comienzan con la colonización española y la organización administrativa de la audiencia de Charcas. La fundación en varias etapas de Santa Cruz, corresponde al principio, a una visión estratégica: disponer de una base de colonización militar, religiosa y agrícola que vigile las marchas orientales y los bandeirantes portugueses, como las aproximaciones del Chaco de donde surgen temibles razzias indias.
A fines del siglo XIX, el aislamiento de Santa Cruz es reforzado por el hecho que la construcción de las vías férreas privilegia los lazos entre los sitios mineros andinos y los puertos chilenos. El ferrocarril, que lleva cereales y azúcar a bajo precio, compite con las propias producciones de Santa Cruz, cuyo repliegue sobre sí misma se refuerza.
Este episodio se desarrolla en el momento de la tentativa de Suárez Arana, un hombre de negocios de Santa Cruz, de juntar por carretera Santa Cruz a un puerto del río Paraguay. Proyecto que fracasa por falta de medios suficientes, de apoyo político de La Paz y frente a las dificultades inherentes a un medio hostil por su naturaleza como por los hombres - las tribus indias todavía libres -. Con su fracaso, el sueño de hacer por fin de Santa Cruz la capital de un oriente boliviano anclado en una salida libre hacia el Atlántico, se disuelve en la amargura y frustración hacia la política del gobierno central.
El Beni
El Beni, primero ha formado el territorio de la administración jesuita de Mojos y se había beneficiado en la época colonial de una quasi autonomía administrativa. En 1842, el Beni, que constituye una lejana dependencia olvidada de la prefectura de Santa Cruz, es transformado por el presidente J. Ballivián en departamento regular. Esta decisión no agradó a los ediles de Santa Cruz que consideraban que atentaba a la unidad histórica de su departamento, el Beni había sido colonizado y poblado por sus conciudadanos durante el boom de la quina (1825-1857). Sólo conocerá un verdadero despertar a partir de 1880, con el ciclo de la goma.
El nor-oeste o Pando
Este departamento fue al principio un área selvática rica en goma y conocida bajo el nombre de Territorio de las Colonias del Nor-Oeste. Su formación debe mucho a Vaca Diez, el primer rey de la goma, pues su economía estuvo muy ligada luego a la actividad de la Casa Suárez, con los puertos fluviales de Cachuela Esperanza y de Villa Bella.
Perdió el Acre, anexado al Brasil en 1903, y fue transformado en departamento en 1936, para intentar sustraerse a la influencia brasileña, porque sólo tenía una población pequeña muy heterogénea y quedaba casi totalmente aislado del lado boliviano.
3.2. Nacimiento del concepto oriental
Una vez, de 1880 a 1910, hubo una fugaz unidad del Oriente boliviano. Fue debida al comercio de la goma, a la presencia de activas sociedades comerciales hasta en Santa Cruz, y al reclutamiento de mano de obra hasta en el Chaco.
A principio del siglo XX, la creación de la sociedad de estudios geográficos e históricos de Santa Cruz, es una señal de las aspiraciones nacientes de la pequeña élite local que, con el ciclo del estaño en plena expansión en los Andes, se ve privada del poder político sobre el conjunto de
Bolivia y desea guardar su dominio en el comercio de la goma.
El memorando publicado en
1906 por esta sociedad, será la guía espiritual portadora de las aspiraciones de los patricios locales y ejerció una fuerte influencia hasta 1950.
El leitmotiv de este documento reside en la imperiosa necesidad de sacar a Santa Cruz de su aislamiento, tanto con el Altiplano, o el Brasil y la Argentina. El ferrocarril, ya en funcionamiento en los Andes occidentales, es percibido como el instrumento de desenclaustramiento y del progreso de una vasta región con recursos dejados
abandonados. Este documento es el origen de la toma de conciencia de lo que se denominará más tarde el sentimiento camba y por tanto, lleva la esencia del nacionalismo oriental.
Otro motivo de desacuerdo contenido en la proclamación de fe oriental, cuestionaba la dificultosa ruta marítima del Pacífico, la apertura comercial de Bolivia convertida en un mercado cautivo de intereses chilenos y peruanos, cuando la del Atlántico por el río Paraguay, se jactaba de ser la más económica.
Se añade otro aspecto, por cierto más discreto: la élite de Santa Cruz, a pesar de un antiguo y profundo mestizaje, se siente diferente étnicamente y superior a los indios del Altiplano, porque pretende tener una descendencia directa de los primeros españoles, olvidando que en la Colonia eran raras las mujeres blancas…
Se puede pensar que estos análisis fueron también inspirados por un
documento más antiguo, de fecha 1845, que ya recomendaba la elección por parte de Bolivia de una salida por el río Paraguay, un texto que inspiró a la diplomacia boliviana y que le hizo cometer algunas graves equivocaciones.
Otra crítica hecha al gobierno central de la época, se basaba en el uso juzgado atentatorio a los intereses del Oriente, hecho de la contribución brasileña a la construcción de un ferrocarril oriental. Fueron realizadas sólo vías de interés regional propias a las ciudades andinas, cuando Santa Cruz esperaba la construcción de una vía férrea que conectara la capital del oriente al río Paraguay o al río
Pilcomayo, pues habría sido conectada a la red nacional hacia Cochabamba o Sucre. Para los dirigentes del oriente, solo un ferrocarril podía unificar, poblar, colonizar y defender, frente a los avances del
Paraguay, un vasto territorio dejado baldío.
De 1900 a 1920, el régimen liberal que estaba en el poder en La Paz se convierte en el blanco, tanto de las críticas progresistas, como nacionalistas que coinciden en ver en él el responsable de una política de olvido del oriente, impuesta por los reyes del estaño que entonces dominan políticamente.
Relativamente próspera hasta 1910, Santa Cruz, con la crisis de la goma amazónica que estalla frente a la competencia de las nuevas plantaciones asiáticas, se encuentra privada de toda actividad importante, sobre todo después de 1925, cuando la Casa Suárez reconcentra su actividad en la recolección de castaña, un remedio provisional importado con la Guerra del Chaco que moviliza a los trabajadores.
La salida de los Liberales en 1920, reemplazados por los Republicanos, encabezados por Bautista Saavedra, relanza el debate sobre el ferrocarril de Santa Cruz, pero por falta de medios y de voluntad, se conforma con un proyecto caminero que no se realizará.
En 1921, estalla una insurrección en Santa Cruz, que apoya las reivindicaciones locales por el estancamiento caminero y ferroviario. El coronel Reque Terán, destituido por el Presidente Saavedra, se puso a la cabeza del
"levantamiento" e instauró en el poder a una "Junta revolucionaria" que agrupaba los jefes regionalistas de los diferentes partidos. Esta esgrimía un programa decididamente
"regionalista", contenido en un decreto constitutivo que justificaba su acción por el hecho que
"entre los pueblos bolivianos, el de Santa Cruz en particular, ha sufrido el peso de la tiranía, y ha sido el más expoliado en sus intereses".
Estos acontecimientos tuvieron una fuerte repercusión nacional y se denunció
"el orientalismo o el separatismo oriental" como externo, especialmente en Chile donde la prensa acusó de manipulación de la Argentina, apoyándose en un complot de una
"liga anexionista" que había provocado una encuesta en 1921, pero clasificada sin consecuencias. La prensa de Buenos Aires, hizo alusión a maniobras de origen brasileño para imponer un protectorado al oriente…
Sin embargo, el movimiento nacido en Santa Cruz se desvaneció en dos semanas sin haber emprendido ni obtenido nada, y el retorno a la normalidad se instauró en tranquilidad, después que una tentativa de levantamiento en Yacuiba fue sofocado sin derramamiento de sangre.
Estos acontecimientos indican que ese tipo de reacción política y militar contra el poder central, por falta de contenido claro y de un amplio apoyo popular, no tenía futuro.
En 1929, el presidente de la República, Hernando Siles, por ley del 31 de diciembre de 1929, decidió conceder una parte del impuesto del 11% sobre los hidrocarburos, cuya producción se inauguraba en Camiri, a los municipios productores de petróleo. Estos recursos estaban destinados a trabajos de interés público. Esta ley preparó para más tarde, una participación del departamento en los ingresos obtenidos por la explotación de los hidrocarburos que fue oficializada en 1959.
Con los preludios del conflicto del Chaco, se asiste a maniobras del Paraguay para desestabilizar el departamento de Santa Cruz, recuperando el fondo de descontento latente que existía en sus relaciones con el poder central de La Paz. Así, una obra que proponía una historia revisada, fue redactada en Paraguay por E. Candia21, con el objetivo de denigrar al Estado centralizador boliviano y de poner en evidencia sus abusos de poder, contrarios a los intereses del oriente. Este libro tuvo poco eco porque la burguesía local esperaba una victoria boliviana que le abriera las tierras vírgenes del Chaco central, esperanza compartida también por Tarija…
Al contrario de la posición del Paraguay, que empujaba el separatismo oriental, se nota la gran prudencia del Brasil como de la Argentina, aun cuando estos dos países se esforzaban por sacar beneficio de los reveses bolivianos, para sus intereses.
Una vez concluida la paz con el Paraguay, el gobierno militar de Bush emprendió una política de cooperación abierta con el Brasil que permitió comprometer la construcción del ferrocarril Corumbá-Santa Cruz, que preparaba otra realización más tardía, la de un enlace ferroviario con la Argentina. Por fin, se realizaba una de las grandes expectativas locales.
A partir de 1945, Santa Cruz se abre a la influencia de un nuevo partido, el MNR que pretende ser el de las grandes reformas y de la justicia social. Así, en ocasión de la tentativa de golpe de Estado de 1949, urdido por el MNR, Santa Cruz se le adhirió, pero abandonando sus reivindicaciones regionalistas en provecho de las del programa del MNR. El jefe local de ese partido, E. Roca, dirigió un gobierno provisional durante dos semanas, proclamando ideas revolucionarias, al menos para el medio conservador. La represión militar del poder central puso en vereda esta tentativa, cuyos autores, según algunos, fueron arrestados o fusilados.
En 1952, la llegada al poder del gobierno de la Revolución Nacional se hizo en Santa Cruz, al contrario que en La Paz, en completa legalidad. El nuevo gobierno tendrá para el oriente, una política que presentaba tres aspectos:
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La conclusión del camino empedrado Santa Cruz-Cochabamba.
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El desarrollo de infraestructuras para el desarrollo de la producción rural (ingenios azucareros, caminos vecinales, apoyo a la mecanización agrícola).
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Una política de centralismo reforzado en provecho de La Paz.
Se debe notar que una importante ayuda de los Estados Unidos permitió facilitar la conclusión de esos proyectos que se inscribían en la prolongación del plan
Bohan. Pero el divorcio debía ocurrir a propósito de la política centralista del MNR, sobre todo en su aspecto fiscal, con la constitución en La Paz de una caja única de recursos y gastos. Además, sobrevino un hecho nuevo. La compañía Gulf Oil, llegada a Bolivia gracias a los privilegios concedidos a las sociedades extranjeras por el código Davenport de 1955 (que regía el régimen jurídico y fiscal de los hidrocarburos), fue una de las raras en encontrar en abundancia petróleo y gas, especialmente en las proximidades de Santa Cruz.
Ahora bien, la Ley Bush de 1939 asignaba el 11% de los ingresos producidos en boca de pozo a los departamentos productores, mientras que la de 1955 otorgaba el mismo 11% al Estado. El áspero debate que se instauró fue por tanto el de la devolución final de este 11%: ¿al Estado o al departamento productor? Asimismo, el Comité pro Santa Cruz, creado en 1951, se apoderó del tema para hacer de él su caballo de batalla. El MNR local apoya esta reivindicación frente al gobierno central, incómodo en su prioridad de centralización de los ingresos nacionales.
Se desencadenó una represión de los defensores de la vía regionalista, dividiendo al MNR local, como a los miembros del Comité pro Santa Cruz y se desencadenaron violentas batallas locales que terminaron con sanciones y el envío al exilio de los opositores.
La confusión se acrecentó cuando un nuevo partido activista, la Falange Socialista Boliviana (FSB), desencadenó en mayo de 1958, una nueva insurrección.
Para dominarla, La Paz denunció una reivindicación, con miras al separatismo y envió milicias campesinas que ocuparon Santa Cruz y cometieron abusos contra la población. Finalmente, el 15 de febrero de 1957, el Parlamento adoptó la distribución de una regalía del 11% en provecho del departamento productor de hidrocarburos, pero la ley sólo fue aplicada tres años más tarde.
La nacionalización de la Gulf fue seguida, hasta 1971, de una fuerte recesión económica que fue atribuida, particularmente en el oriente y por cierto injunstamente, a la política del presidente Ovando, en cuyo gobierno se sancionó la nacionalización. Su sucesor, el general Torres, tuvo que enfrentar un motín de las tropas acantonadas en Santa Cruz, a las que se adhirieron los partidarios del MNR, como la Falange Socialista Boliviana, antaño enemigos declarados. Este golpe de Estado se convirtió en una mancha de aceite y llevó al poder en la Paz, al coronel H. Banzer, un conservador de Santa Cruz, apoyado por los Estados Unidos. Su arribo coincide con la crisis mundial del petróleo y el alza de los precios de hidrocarburos, algo providencial para una economía en crisis.
Este periodo de prosperidad marca también el paso de Santa Cruz al rango de actor de primer plano en la economía boliviana. En efecto, si en 1970 el Altiplano concentraba el 90,7% de las exportaciones nacionales y Santa Cruz el 6%, en 1974 el cambio de estructura de las exportaciones es muy claro: el Altiplano baja a 60% y Santa Cruz alcanza al 39% gracias a sus ventas de productos agrícolas y de los hidrocarburos.
3.3. El oriente frente a sus realidades internas desde la crisis de octubre de 2003
Los acontecimientos de octubre de 2003 llevaron a la salida forzada del presidente Sanchez de Lozada (MNR), un antiguo caminante de la política elegido democráticamente un año antes, pero por error, ha abierto literalmente la caja de Pandora del regionalismo e incluso del separatismo oriental.
El origen de la crisis reside en la incapacidad del presidente para definir una política clara de Bolivia en la cuestión de la exportación del gas por Chile, como lo preveía el proyecto Pacific LNG23, como una política firme de cuestionamiento del Tratado de 1904, que había legalizado la anexión por Chile de la provincia costera del Litoral por donde debía pasar el gasoducto proyectado.
Además, la confusión sobre los objetivos industriales y las ventajas para Bolivia de esta exportación, explica que la burguesía urbana, los trabajadores y los campesinos, ya escaldados por los resultados de la política de capitalización de las empresas públicas y de liberalización total del sector de la energía, ingresaron a una oposición determinada. La punta de lanza de los incidentes conducentes a esta revolución, fue constituida por las tropas de cocaleros24 del Chapare, reforzadas por los campesinos aymaras del norte del Altiplano y los habitantes marginalizados de la ciudad de El Alto.
Para el oriente, el shock fue duro porque se derrumbaba la última esperanza de encontrar un gran mercado de exportación del gas. Además, la crisis del gas coincidía con otra crisis latente desde hacía años, ésta de origen rural, con las acciones de los sindicatos del Movimiento Campesinos sin Tierra (MST) que reclamaban tanto tierras libres, como ocupando propiedades decretadas de adjudicación ilegal. A esta amenaza sobre la política agrícola conducida en Oriente, se añadían las reivindicaciones de las comunidades de origen que, apoyadas por algunos sindicatos, ONGs, iglesias e intelectuales, exigían un retorno a sus territorios tradicionales y la partida de los Karayanas, es decir de los poderosos colonos que se habían apropiado de sus tierras con diversos medios.
Los cimientos de la economía del oriente estaban así dañados, tanto para la agricultura o la explotación de los hidrocarburos. La reacción estuvo a la medida de las amenazas, es decir absolutamente radical, por lo menos en la expresión de las reivindicaciones contrarias de los integristas orientales.
No mencionaremos aquí el pesado inventario de declaraciones y otras tomas de posición que tuvieron lugar, porque de ello se ha hecho un excelente informe recientemente. Para dar la medida de los acontecimientos, señalemos que desde el 17 de octubre de 2003, al llamado del Comité Cívico de Santa Cruz, se realizó una manifestación en esa ciudad, proclamando
"el fin del mantenimiento de Santa Cruz en la actual estructura del país". Ya en febrero de 2003, en Tarija, el Comité Cívico de la ciudad, presintiendo que el proyecto de exportación del gas fracasaba, había amenazado con proclamar, en caso de una falta de consulta de parte del poder central sobre el futuro del gas,
"la autonomía regional del conjunto del oriente".
La cuestión de la refundación de Bolivia sobre una base ya sea de la autonomía, ya sea federativa, o incluso independentista, se había planteado. Ésta hacía eco a numerosas y agresivas declaraciones expresadas desde el alto del Altiplano, país aymara profundo, por F. Quispe, fogoso jefe exclusivo de la CSUTCB, que exigía un referéndum para instaurar la creación de Estados aymaras, quechuas y guaraníes, sobre los despojos de la difunta Bolivia…
Para resumir sin énfasis este debate, Tarija, apoyada por Santa Cruz, exigía ya sea una política nacional que satisficiera los intereses propios de las regiones gasíferas de Bolivia, o bien una autonomía administrativa y económica que dejara las manos libres a los dirigentes locales para manejar sus intereses.
Del otro lado, el de los jefes políticos tradicionales, sólo una política económica nacional dirigida desde La Paz permitía comprometer el futuro. Sobre estas posiciones se incorporaban las declaraciones más o menos incendiarias de los que exigían la salida de Bolivia de la globalización, la nacionalización de las tierras y de los recursos energéticos, la lucha contra el imperialismo, posición que no hacía más que entorpecer el debate y hacerlo confuso.
Notemos también
- porque es en esta ocasión cuando fue lanzado el término de la media luna geográfica conformada por el conjunto del oriente - que en Tarija, el 22 de diciembre de 2003, fue lanzado un manifiesto al país del cual se recordará que:
"del éxito de la media luna formada por los pueblos del oriente y del sur, dependerá el éxito futuro del país entero y la posibilidad de alcanzar una luna llena henchida de esperanzas para todos los Bolivianos".
Este punto de vista moderado oriental: el de la elección de la
autonomía -se debe notar- recibía el apoyo de instancias sindicales y corporativas que representaban intereses económicos importantes. Citemos entre otras, la Federación de Empresarios Privados (CAINCO), la Universidad G. R. Moreno, la Federación de Fabriles, la de los campesinos, de ingenieros, pero sobre todo, de la potente Cámara Agrícola del Oriente (CAO), de los Transportistas, de Hotelería y Turismo, de la Construcción, de la Prensa. Es decir, de una parte de las fuerzas vivas regionales, a nivel económico.
Actitud moderada, por cierto, pero que encontró su expresión separatista con la salida de la Confederación de Empresarios Privados de Tarija y Santa Cruz de su central nacional (la CEPB).
Muchas otras tomas de posición, pero no siempre representativas de una audiencia significativa, debían por cierto, venir a apagar o envenenar el debate así abierto. Una de las críticas redundantes, esgrimidas regularmente, considera que el occidente del país, el macizo andino, está poblado de agitadores redomados con el espíritu perturbado por ideologías superadas (el marxismo), o por utopías sin futuro (el retorno a la comunidad rural). De ahí resultan convulsiones regulares en la vía pública y social, el bloqueo de las actividades y la regresión económica de una población andina calificada a menudo de irracional, tal como lo atestiguan huelgas permanentes y bloqueos de caminos contra sus propios intereses.
Por el contrario, para los defensores de la media luna, la población oriental es leal, trabajadora, productiva y positivamente progresista…
Otro tema ligado a la autonomía, el de la instalación de la capital de la nueva Bolivia, luego del proceso descentralizador propuesto: para algunos autonomistas, la sede del gobierno, en el futuro, debe ser trasladada a Santa Cruz con el apoyo de Tarija, mientras que el poder legislativo (el Parlamento), debe regresar a Sucre con el fin de reparar la injusticia hecha a la antigua capital y al pueblo del sur en la época del nacimiento de la Guerra federal de 1899, que trasladó la capital política a La Paz.
Sin embargo, en este concierto de las profesiones de fe, debía aflorar una falla, con la aparición de una reivindicación de autonomía al interior mismo de la media luna, la de los Guaraníes.
Pequeña etnia que hoy representa los últimos vestigios de un pueblo aplastado a fines del siglo XIX por el avance del maíz y de la vaca ( según Th. Saignes), de colonos de Santa Cruz y de Tarija, los Guaraníes forman hoy un grupo minoritario de menos de 100.000 personas dispersas en 400 micro comunidades en tres departamentos: Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca, que se han repartido ásperamente, a fines del siglo XIX, los despojos del Chaco después de la batalla exterminadora de los chiriguanos, en Curuyuqui.
En la toma de posición de uno de sus representantes, los descendientes de los Guaraníes se irritan de no haber sido consultados sobre el referéndum del gas, exigen un mejor precio de los hidrocarburos, por tanto un aumento de las regalías que les son debidas y que son captadas abusivamente, según ellos, por Tarija, de la que denuncian que su Comité Cívico dispone unilateralmente sin consultarlos.
Una piedra gruesa en la media luna, si así se puede definir, porque es justamente en una parte de las tierras guaraníes que se encuentran algunos de los más importantes yacimientos de gas conocidos (San Antonio, San Alberto, Itaú y Madrejones). Por consiguiente, los Guaraníes exigen, a través de sus representantes, la creación de un nuevo departamento, el del Chaco, que administrará de manera plena y autónoma sus recursos.
La creación de esta nueva unidad implicaría, por supuesto, un desmembramiento territorial parcial, perjudicial para los intereses de Tarija, pero concerniente tanto a Santa Cruz como Chuquisaca. Es inútil precisar que esta demanda fue rechazada sine die por Tarija, que se cuestionó para culpar la actitud del presidente de su comité cívico…
Otra acusación para los defensores de la media luna, las sospechas de prácticas racistas lanzadas por la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, (CIDOB) en el encuentro del Movimiento Nación Camba, que intenta desde algunos años, implantarse en el oriente. Si su prédica preconiza un separatismo de hecho, su audiencia real no se apoya en sucesos electorales, como lo confirman las elecciones municipales de diciembre de 2004.
Los hechos reprochados estaban ligados a la manifestación del 17 de octubre de 2003 en Santa Cruz, en la que ocurrieron algunos desbordes brutales provocados por elementos extremistas.
Se debe precisar también que han tenido lugar algunas reacciones en oposición de la existencia y del rol de los comités cívicos que son activos en el medio urbano. Estas descansan en una tradición colonial, pero si representan una cierta capa de las viejas familias tradicionales de ciudadanos notables, su representatividad no existe en la ley, además la elección de sus responsables no es transparente, porque manipulados por los notables y no se benefician en absoluto de una base realmente popular. En Santa Cruz, según un diputado que es su opositor, su audiencia no llega a los barrios populares a partir del tercer anillo urbano…
¿Un modelo de colonización capitalista que estorba?
El conjunto de datos aquí brevemente citados, indica que el Oriente, y sobre todo el departamento de Santa Cruz, se inscribe en un contexto socio-económico singularmente diferente del que es propio del Altiplano y de los valles andinos en menor medida.
Los factores de diferenciación son numerosos y fuertes. En efecto, la historia del poblamiento obedece principalmente a las reglas de una colonización efectuada por fuertes inversiones sostenidas por las migraciones rápidas y recientes. El medio autóctono tradicional, de cultivos muy diversificados, está ampliamente mestizado desde hace tiempo y no ha conservado, a causa de las débiles densidades y de la dispersión de grupos étnicos, la homogeneidad propia del Altiplano.
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El tipo de economía rural, sobre todo para las pequeñas explotaciones, es muy diferente de las prácticas agrícolas andinas, y produjo otro anclaje agrícola.
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El lugar económico ocupado por la agricultura de renta, con métodos a menudo muy modernos o inclusive de punta, no tiene punto de comparación con la agricultura de subsistencia del minifundio andino, con una fuerte valorización de los productos en el mercado nacional e internacional.
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El nivel en infraestructuras y equipamientos públicos es netamente más elevado, por lo menos en comparación con el macizo andino.
Sin embargo, una observación más sutil permite también detectar situaciones similares que rompen la visión escindida de las dos agriculturas.
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Existe un proletariado agrícola no desdeñable en el Oriente, constituido por pequeños sectores de campesinos sin tierras y con débiles y aleatorios ingresos económicos, como comunidades pobres, con territorios exiguos y sometidos a las presiones de los ganaderos, de los forestales o incluso de mineros.
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Sobre este fondo de población mayoritariamente indígena, se sobreponen las capas sucesivas de migrantes, por lo general andinos, que han llegado, ya sea como colonos de tierras fiscales, o bien como migrantes espontáneos que se dedican a una pequeña agricultura de quema o al salario agrícola en las grandes haciendas. Finalmente, se puede notar desocupados presentes en las ciudades y en las aldeas agrícolas, que se alquilan para trabajos estacionarios, pero que están en busca de una parcela de tierra para instalarse en el medio rural.
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Un fuerte sub-equipamiento existe también a nivel de las condiciones de servicios básicos de los domicilios (agua, energía eléctrica, alcantarillado) aunque encubiertos por datos estadísticos globales, no detallados localmente. Es cierto también que quedan por hacer progresos substanciales en las zonas más marginales para aportar un mejoramiento de la salud pública como de un sistema de enseñanza generalmente rudimentario.
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Por último, en la élite intelectual, las reivindicaciones étnicas, culturales y hasta políticas, no faltan, aunque ellas se expresen de manera menos agresiva, tal vez más eficaz y responsable que en algunos protagonistas del sindicalismo revolucionario o anarquista del Altiplano.
Dos lugares comunes para recordar
¿Se pueden sacar las primeras conclusiones de esta aproximación a problemáticas a veces confusas, centradas actualmente en la media luna y su futuro?.
Surgen varias reflexiones:
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Desde el punto de vista geográfico el concepto de media luna es confuso porque su sola unidad es relativa, unidad física de las tierras bajas que gozan de condiciones físicas tropicales, por tanto muy diferentes a las de los Andes.
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Regionalmente, se trata de un conglomerado de territorios de bosques y savanas, aun de estepas con el Chaco que presenta fuertes variaciones entre Pando, el Beni y Santa Cruz, como al interior mismo de estos grandes departamentos, mientras que Tarija, aunque unida por las necesidades de la causa oriental a este conjunto, forma otra excepción geográfica.
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Desde el punto de vista humano, el oriente original debe una parte de su unidad a un antiguo poblamiento, tenue por cierto, nacido de Santa Cruz y que presenta una innegable y original comunidad histórica, cultural y económica unida por los modos de vida rurales que unen a estos diversos orientes.
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El poblamiento del oriente, así
tipificado que sea, presenta sin embargo, un innegable recorte que desde una veintena de años, se ha manifestado claramente entre la población denominada
"karayana" de origen mestizo española, y la llamada indígena, por cierto en parte mestiza, pero que presenta un fondo cultural e histórico diferente. También es portador de fuertes reivindicaciones que exigen la restitución de sus derechos agrarios básicos y la legitimación de sus aspiraciones culturales. La reivindicación guaraní de un departamento autónomo del Chaco, donde probablemente existe una parte de manipulación interesada, traduce sin embargo, un malestar profundo.
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En este antiguo fondo
"Camba", para retomar la expresión actualmente en boga, se ha incorporado desde hace aproximadamente cincuenta años, una importante población migrante de origen andino que se ha vuelto probablemente mayoritaria en Santa Cruz y en algunas ciudades secundarias, al menos del oriente. ¿Se adhiere unánimemente a las tesis de los ultra regionalistas que sueñan en separarse de los Collas del Altiplano? Se puede dudar de esto, a pesar de un cierto proceso de integración a la realidad camba.
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Existen también litigios regionales ligados a grandes famillas rivales, a las actividades económicas, a los límites departamentales, por ejemplo el litigio existente entre los departamentos de Cochabamba y el Beni, a propósitos de las tierras de Isidoro Secure, ricas en hidrocarburos según algunos; igualmente entre Chuquisaca y Santa Cruz la partición territorial impuesta del Chaco en 1904, ha dejado secuelas reavivadas actualmente por una eventual explotación del gas de Incahuasi…
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Las reivindicaciones en curso de millones de hectáreas por las comunidades indígenas originarias (20 millones de hectáreas para el conjunto del país, cuya mayoría en el oriente) malogran la omnipotencia tanto económica como política de lo que se llama en oriente “el agropoder” ejercido por algunos centenares de familias antiguas, que se oponen a unos indispensables impuestos rurales significativos para desalentar la especulación como el congelamiento estéril de las empresas agrícolas.
Todas estas observaciones indican que el concepto de media luna está muy enredado en su realidad intrínseca, porque detrás de una unidad aparente, reivindicada por una élite urbana y administrativa local, afloran fuertes distorsiones socio-económicas y culturales, como divergencias de fondo entre los grandes actores económicos de la agroindustria o del sector energético. En caso de autonomía o aun de independencia de la media luna, Tarija, que de aquí a algunos años dispondrá de lo esencial de los ingresos del maná de los hidrocarburos ¿está lista para compartirlos con sus hermanos de los otros departamentos menos favorecidos o pobres? Porque la verdadera realidad económica futura está allí: la riqueza en hidrocarburos hoy está localizada en ese departamento.
A lado de preguntas referentes a la viabilidad interna de esta media luna, se plantea otra interrogante: ¿el oriente puede realmente romper sus lazos con la Bolivia andina, en la hipótesis de una disolución por entropía del marco unitario boliviano?.
No podemos pensarlo razonablemente, porque los lazos que forjan un conjunto común se han vuelto hoy muy fuertes e indispensables a las actividades del oriente, tanto a nivel de los medios de transporte, telecomunicaciones, servicios básicos, del mercado de productos, de la salud o de la educación.
Una separación supondría una regresión sin punto de comparación con los ingresos, por otra parte, fuertemente variables en función de la coyuntura mundial, esperados de la venta de hidrocarburos o de la soya, de la que Bolivia es la quinta exportadora mundial.
Un Estado oriental separado pesaría muy poco frente al potente y dinámico Brasil, cercano y muy presente económicamente, también frente a la Argentina, otra potencia de peso, y también frente al pequeño Paraguay, mucho más soldado en su unidad.
La reciprocidad es por cierto verdadera en la Bolivia andina. Privada de la parte oriental del país, el Altiplano, ya golpeado por la desertificación de sus pobres campos, privada de industrias de peso, acusando importantes atrasos socio económicos, sin salida independiente hacia el exterior y sin hidrocarburos, sería sólo un país fracasado, una ficción de Estado reducido a la mendicidad internacional y a sus luchas partidarias internas sin horizonte…
El recuerdo de todos estos lugares comunes elementales, indica claramente que una de las soluciones a los problemas, tanto de Bolivia andina como oriental, pasa primero por una transacción equitativa que permita por sí sola una refundación de una Bolivia multipolar, geografía obliga, pero manteniéndose profundamente solidaria en la movilización de sus medios por la lucha contra el subdesarrollo, que es uno de los más importantes de América del Sud.
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