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Pensar "Lo Nuestro" Desde la Postmodernidad y Ante los Desafios del Tercer Milenio |
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Javier Ortiz |
RESUMEN - Estas consideraciones fueron una exhortación a los jóvenes graduandos de la promoción del segundo semestre de la gestión 1.999 de la Univalle realizada en el salón Jorge Rojas Tardío del Hotel Portales. Al fundamentar las afirmaciones y querer profundizar el aspecto filosófico es que nació este pequeño artículo. Está dirigido especialmente a los jóvenes estudiantes, que ante tanta injusticia, corrupción, relativismo moral y pérdida de los valores, se sienten agobiados, desilusionados y hasta derrotados en continuar la marcha de la vida, queriendo ser alguien que pase por esta sociedad dejándola mejor de cómo la encontraron. El ambiente postmoderno, con sus ideas y formas de ser propuestas, no debe mellar el pensar, el quehacer científico y el actuar moral de acuerdo a nuestra forma cultural de ser bolivianos. Debemos y podemos, también nosotros bolivianos, desde los precarios medios que nos permiten acceder al tren de la historia, aportar algo bueno y diferente a lo que hasta ahora pensamos, tenemos y vivimos.
INTRODUCCIÓN Este artículo quiere ser un llamado, especialmente a los jóvenes, a pensar en este momento singular de nuestra historia. Estamos asistiendo a una serie de acontecimientos (por ejemplo del atentado a las "Torres Gemelas"), en diferentes ámbitos, que nos hacen pensar que estamos culminando un capítulo de la historia y abriendo otro. Hay hombres que son actores y otros espectadores de lo que acontece. En este momento de transición de la historia, existe una sensibilidad llamada postmoderni-dad (Colomer, 1991: 413) y unos desafíos serios que nos abren el telón del tercer milenio cristiano. Hay muchos visos de respuestas ante ambos. Como jóvenes bolivianos ¿cuál podría ser una manera de dejar de ser simples espectadores y llegar a ser actores de nuestra propia historia?.
1.- Modernidad y Postmodernidad En todo cambio de época o de parámetros para comprender el saber y el quehacer humano, ha habido una serie de confusiones y de desorientaciones que ha llevado a la humanidad a tomar distintas posturas: unos, buscando nuevos paradigmas que les lleven a adquirir mayor seguridad que los anteriores para resolver los nuevos problemas planteados por las situaciones de vida cambiantes; y, otros, que se portan indiferentes ante los cambios, escépticos ante el pensar o decostruyendo todo lo logrado por el pensamiento y la experiencia del hombre, y que era fuente de seguridad y prosperi-dad. Estos últimos se cansaron de pensar (Doyle, 1996: 120), han perdido la fe en sí mismos y en todo lo que les rodea. Prefieren dejar que la vida fluya como un río en el día a día de la historia, contemplándola desde la orilla y sin mojarse en ella. A estos les llamamos postmodernos.
¿Por qué postmodernos? Porque han roto y desechado los principios básicos de toda la racionalidad que habían postulado los modernos. Aquí sólo quiero puntualizar tres aspectos tomados en cuenta por Andrés Torno (1996: 137-154).
Los modernos, frente a la heteronomía medieval o primitiva, que sometía a los individuos a autoridades exteriores, exigieron emancipación. Pero no por capricho. Lo heterónomo (legislado por normatividad ajena) debe dejar paso a lo autónomo (legislado por normatividad inherente en cada uno) porque sería indigno para el hombre guiarse por criterios que no percibe su razón.
"Pero el no guiarse por criterio alguno sería igualmente indigno. Y por eso la autonomía, en tanto que derecho de la razón inmanente en cada individuo, es a la vez un deber de racionalidad: no proceder conforme a la razón es antihumano y absurdo" (Torno, 1996: 140).
Los postmodernos ensalzan la autonomía racional del sujeto hasta el punto de caer en un subjetivis-mo. "El hombre es la medida de todas las cosas", como diría Protágoras en el Teeteto. La verdad objetiva pasa a ser verdad subjetiva (Doyle, 1996: 126). El subjetivismo lleva a un relativismo y éste a un nihilismo. Ningún conocimiento es estable y eterno, todo cambia. "No existe verdad objetiva y sólo esto es objetivo", parece ser la frase de los postmodernistas.Los modernos afirmaron que todo asunto filosófico es tal, si se piensa como pertinente para todos y cada uno de los humanos. Es decir, el pensamiento es universal, va más allá de quien lo piense y de las coordenadas del espacio y del tiempo.
Los postmodernos no creen en los "metarrelatos", en la comprensión unitaria, omnicomprensiva y metafísica de la historia (Vattimo, 1993: 6), si no en una razón "fragmentada". Se piensa sólo en el aquí y en el ahora, en lo particular, sectario e inmediato.El pensador moderno se define como un sujeto autónomo, ético, en cuanto que la propia razón se convierte en ley para sí mismo. Si no se creyera en la razón no se tendría orientación clara sobre el ser y sobre el actuar.
El hombre, para los postmodernos, está arrojado en el mundo, como para Heidegger, pero con la gran diferencia de no estar proyectado hacia el futuro, sino anclado en el presente. Esto hace que de hombre autónomo y ético pase a ser un hombre light (Rojas, 1.995) y estético (Dardichón, 1993: 9). Se queda contemplando lo bello que es la nada de su ser, saber y hacer.
"En todo caso hay una crisis global del pensamiento crítico, una crisis de paradigmas; hay una crisis de la esperanza y se proclama el fin de las utopías" (Richard: 9).
Se culmina, así, la historia de los grandes imperios e ideologías contrarias que nos brindaban seguridades; para dar paso al mundo de la globalización, donde el horizonte humano se ha abierto enormemente y las perspectivas son siempre más imprevisibles. Donde se han cambiado los paráme-tros del tiempo, del espacio y parece, también, los de la moral y de la vida.
2.- El Tercer milenio y sus desafíos En este tercer milenio, nos encontramos ante desafíos nuevos lanzados por los contextos socio-cultural y político. Se trata en especial de la crisis de valores (Colomer, 1991: 415; Mardones, 1988: 68-72), que sobre todo en las sociedades ricas y desarrolladas, asume las formas, frecuentemente propaladas por los medios de comunicación social, de difuso subjetivismo, de relativismo moral y de nihilismo. El profundo pluralismo que impregna la conciencia social, da lugar a diversos comporta-mientos, en algunos casos tan antitéticos como para minar cualquier identidad comunitaria. Los rápidos cambios estructurales, las profundas innovaciones técnicas y la globalización de la economía repercuten en la vida del hombre de cualquier parte de la tierra. Contrariamente, pues, a las perspec-tivas de desarrollo para todos, se asiste a la acentuación de la diferencia entre pueblos ricos y pueblos pobres, y a masivas oleadas migratorias de los países subdesarrollados hacia los desarrolla-dos. Los fenómenos de la multiculturalidad, y de una sociedad que cada vez es más plurirracial, pluriétnica y plurirreligiosa, traen consigo enriquecimiento; pero también nuevos problemas, dudas e inseguridades.
Estos desafíos, que nos presenta la hora actual, pueden vivirse desde perspectivas diversas y aún opuestas:"Los agoreros de mal gusto se relamen vaticinando catástrofes dantescas, anunciadas en profecías oscuras o revelaciones sospechosas.
Los apáticos miran con sorna la farándula fiestera que se está montando para la ocasión, y afirman con desdén que se trata al fin y al cabo de un puro convencionalismo.
Los ingenuos intuyen una época dorada a la vuelta del quicio del tiempo, venida por toque mágico de algún Merlín sideral.
Los cínicos consideran a la especie humana como una plaga perniciosa que le cayó al pobre planeta tierra y que lo está destruyendo inexorablemente con su creciente estupidez irracio-nal" (Herrera, 1999: 1).
3.- Pensar lo nuestro Nosotros no nos dejamos vencer por las visiones postmodernistas, pesimistas, agoristas, apáticas, ingenuas y cínicas de la historia y del tiempo, que nos dicen, por todos lados, que la historia ha llegado a su fin o que no queda nada por hacer para cambiar la situación de inseguridad y miedo que nos causan la pobreza, la corrupción y las injusticias.
Al decir NO al fin que se quiere decretar para la historia, estamos volviendo a decir SI a la utopía. Estamos expresando nuestra fe en lo nuevo, en lo diferente, en lo alternativo. Esperamos contra toda esperanza, como pueblo abrahámico. Sabemos que hay pobreza, segregación, injusticia; pero nada ni nadie podrá quitar del corazón de la humanidad la utopía de querer construir una mesa redonda inmensa donde quepamos todos, donde se comparte con amor el pan de la vida y el vino del gozo de la fraternidad; sin que haya algunos adentro y muchos afuera del convite; unos encima y muchos debajo de la mesa; sino todos alrededor partiendo, repartiendo y compartiendo el banquete de la hermandad.
CONCLUSIONES Ha concluido un capítulo de la historia, pero no se ha puesto el punto final. Para nosotros comienza una nueva época, se inicia un nuevo capítulo, con la contradicción "Norte - Sur", en la cual los del Sur van a mostrar que también cuentan y que la historia también se puede escribir desde abajo.
El postmodernismo nos da la oportunidad también de animarnos a pensar y hacer nuestra historia cuando declara la muerte de ideologías hegemónicas y proclama el nacimiento de ideologías locales. Seamos modernistas o postmodernistas, no se nos ahorra el tener que pensar nuestro ser y quehacer en el lugar donde nos encontramos como humanos que somos.
No estamos al final de la historia sino ante la exigencia de cambios profundos por venir; la utopía que se reivindicó de una humanidad igualitaria sigue siendo hoy más que nunca un imperativo. Hay que buscar nuevos caminos y crear nuevas alternativas inéditas. Bolivia habrá de consolidar su indepen-dencia real y la viabilidad de un modelo propio de crecimiento y desarrollo dentro de la justicia social que tenderá inexorablemente hacia la integración y la unidad.
Lo que no vamos a aceptar de ninguna manera es que la crisis actual de valores en que se debate la sociedad boliviana y el mundo, vaya a desembocar en la desintegración social de nuestros pueblos, ni en la entrega de nuestras soberanías a los intereses de las transnacionales ni en la pérdida definitiva de nuestra identidad. Se trata de buscar afanosamente ser cada vez más nosotros mismos y no soñar frustradamente en ser como los otros.
Se trata de empezar a elaborar un pensamiento propio, de hacer las cosas a la medida de nuestras necesidades y posibilidades, sin estar pensando, haciendo y viviendo como los otros. Esta misión está encomendada a estas nuevas generaciones de jóvenes.
Jóvenes, no estamos al final de la historia. Estamos en la medianoche de la vida, a nivel personal e histórico; pero ustedes no tengan miedo a esta oscuridad porque están preparados para pensar y afrontar el amanecer de un mañana mejor para nuestra patria y de un nuevo milenio para la humani-dad entera.
BIBLIOGRAFÍA COLOMER, J., 1991, "Postmodernidad, fe cristiana y vida religiosa", en Sal Terrae, Santander, mayo, 1991, pp.413-420.
DARDICHON, F., 1993, "Comentando la postmodernidad", en Pueblo y Cultura, año VIII, Nº 413, 11 de noviembre, pp. 8-9.
DOYLE, J., 1996 "¿Por qué me aburre tanto el postmodernismo?", en ARETÉ revista de filosofía, Vol. VIII, Nº 1, pp.119-135.
MARDONES, J.M., 1988, Postmodernidad y cristianismo. El desafío del fragmento, Sal Terrae, Santander, 155 pp.
RICHARD, Pablo, s.f.,"El futuro de la Iglesia de los pobres. Identidad y resistencia en el sistema de globalización neo-liberal", en PASOS 65, mayo-junio, pp. 9-16.
ROJAS, E., 1995. El hombre light, Ed. Planeta, Buenos Aires.
TORNO, A., 1996, "Tres rupturas postmodernas y cuestión de Dios", en ARETÉ revista de filosofía, Vol. VIII, Nº 1, pp. 137-154.
VATTIMO, G., 1993, "El mundo vive fragmentado" (entrevista con Jorge Muleiro), en Pueblo y Cultura, año VIII, Nº 413, 11 de noviembre, pp. 6-8.