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Importancia de la Investigación
Científica en Bolivia


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Cecilia Losantos

Departamento de Asesoría a Proyectos
Universidad del Valle Cochabamba

"En el caso de Bolivia, la motivación fundamental que debe llevar a los jóvenes hacia la investigación científica es la necesidad de la superviviencia nacional". (Mariano Baptista Gumucio, 1990).

Resumen: A partir de señalar el estado de algunos indicadores referentes a la investigación en el caso de Bolivia, el presente documento tiene la finalidad de resaltar la importancia que tiene para el desarrollo del país, el adoptar una visión diferente en el abordaje de esta problemática, enfatizando principalmente el papel que deben desempeñar las universidades como puntales en el impulso a la actividad científica, y como las instancias que tienen en sus manos la formación de recursos humanos acordes a las necesidades reales del país.

INTRODUCCIÓN

Hablar de hacer investigación científica, en países como Bolivia, es tema de controversia, de discrepancias y divergencias políticas. En diversos ámbitos hay un convencimiento generalizado, de consenso, en torno a la idea de que en un país con tanta pobreza, con uno de los índices más altos de mortalidad infantil de América Latina, no podemos darnos el lujo de invertir en una actividad, diríamos, secundaria, hasta suntuaria, como es la investigación. Y visto desde una perspectiva, esto es razonable: el hambre no puede esperar. Pero se puede optar por una visión más amplia, más completa del problema.

El desarrollo alcanzado por la humanidad durante el siglo XX, ha sido más rápido que el que se había logrado en toda la historia, y que la causa ha sido básicamente el conocimiento alcanzado en diversos campos. Por eso, hoy en día, quien posee conocimiento y maneja bien la información tiene, con mucho, mayores posibilidades de desarrollo y crecimiento, de un nivel de vida más aceptable, y en consecuencia, también mayor poder. En definitiva, el conocimiento es hoy por hoy el nuevo paradigma de la economía.
En el caso de los países subdesarrollados, la dependencia económica se traduce también en una dependencia del saber, y viceversa, lo que acentúa cada vez más la tendencia a aplicar modelos y estructuras tanto económicas como mentales, creadas en otros y para otros contextos, distintos al nuestro. En Bolivia, por razones históricas y socio-culturales esta situación es dramática. La investigación, en especial en ciertas áreas, es prácticamente inexistente y si bien es cierto que primero se deben satisfacer necesidades primarias, nadie puede negar que en la actualidad, para que un país logre desarrollarse, debe tener cierta independencia en el ámbito del conocimiento.
Por otra parte, los cambios que vivimos a nivel mundial, identificados con términos como globalización y postmodernismo, implican tal complejidad en las relaciones sociales y en las estructuras socio-culturales, que nos instan a poder asumirlos individual y colectivamente, de manera madura, fruto de ese conocimiento, de ese auto-reconocimiento indispensable como elemento que posibilite la toma de conciencia de quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos.
Uno de los principales problemas que en la actualidad obstaculiza el avance en materia de investigación en países como el nuestro, es el pensar que las materias primas, los recursos naturales, siguen siendo la fuente de la riqueza, como lo fuera también el atractivo de tener mano de obra barata. Pero la realidad nos muestra que esas ya no son ventajas comparativas; ya no son los recursos materiales, sino los recursos humanos, es decir la mano de obra calificada lo que permite a un país, y con mayor razón en el caso de los países en desarrollo, estar en condiciones de competir, siendo además destino atractivo del flujo de inversiones internacionales, hoy tan importante. Ello, está a su vez vinculado con la posibilidad de exportar productos con valor agregado. En definitiva, los países en desarrollo se ven frente a la imperiosa necesidad de "… crear condiciones internas que les permitan insertarse en la economía internacional de manera mucho más activa, generándose así un mayor crecimiento con un mejor grado de equidad social" (Aguirre y Rebois, 1996: 23).

Es en esta nueva visión de valoración de los recursos humanos que la educación se ha convertido, en muchos países, en el puntal de la economía, resultado de la cada vez más estrecha relación entre ciencia, tecnología e innovación y crecimiento económico.

Ahora bien, las dificultades referentes a la investigación, que existen en América Latina, particularmente en Bolivia son más profundas. Entre ellas se menciona: la verticalidad existente en los ámbitos de la investigación científica, la inadecuada formación de recursos humanos, la duplicación de esfuerzos, la falta de coordinación entre diferentes instancias, sean académicas, públicas y privadas; todo lo cual tiene en su raíz un vacío de dirección, decisión y proyección, resultantes en última instancia de una manera de ver y hacer las cosas, es decir, de la falta de una política de investigación. La causa no es necesaria y únicamente la falta de recursos. Y en ello se debe trabajar porque el hacer investigación, el analizar, comprender las causas, teorizar sobre algún fenómeno, no son esfuerzos vanos: tienen como fin el construir mejores condiciones de vida, en otras palabras, un mundo mejor.

LO QUE REVELAN ALGUNOS INDICADORES EN EL CASO DE BOLIVIA

Existe una serie de indicadores que permiten evaluar la situación de la investigación en el mundo y en cada país, tomando en cuenta información referente a ciencia, tecnología, investigación y desarrollo.

Entre ellos tenemos:

Inversión en Ciencia y Tecnología (en relación al PBI, por habitante, por sector de financiamiento, por sector de ejecución); personal en ciencia y tecnología (número de investigadores en relación a la PEA, por género, por disciplina científica); número de graduados universitarios en diversas áreas (a nivel de pregrado y posgrado); así como información bibliométrica, es decir sobre la producción científica, el número y tipo de publicaciones registradas en diversas áreas del conocimiento (y en relación a la población, al PBI, a la inversión en Investigación y Desarrollo, y a la cantidad de investigadores que tiene el país).

Vista en conjunto, la situación de América Latina y el Caribe, con relación a la inversión mundial en Investigación y Desarrollo (I+D) es clara: en 1999 era apenas del 1.9 % del total mundial (Gráfico 1), lo que muestra que si bien al hacer una comparación entre lo que invierte cada país de la región, hay unos con mayor participación que otros, la participación global de América Latina es mínima.

Gráfico 1
Fuente:
Albornoz y Fernández, 2000

La inversión en I+D como porcentaje del PBI en cada país, también presenta una marcada diferencia entre ellos (Gráfico 2). En este orden, la situación de Bolivia es de un 0,29 % para 1999, inferior a la de los años 1993-1994, en que alcanzó la cifra más alta de la década: 0,39 %. (Ver cuadro 2, item 5). Es de resaltar que en América Latina, ningún país, salvo Costa Rica, excede el 1.0 % en su inversión del PBI en I+D.

Fuente: Albornoz y Fernández, 2000

Tomando en cuenta los indicadores sobre la evolución del Producto Bruto Interno y el gasto en Ciencia y Tecnología, en cuanto a I+D, durante los últimos años, se puede apreciar un marcado incremento en el PBI, principalmente entre 1995 y 1998, pero no así en lo referente al gasto en CyT, en I+D, que en términos absolutos se ha mantenido prácticamente estable, lo que significa, en términos porcentuales, una disminución con relación al PBI (Cuadro 1). En otras palabras, en lugar de que la tendencia sea mínimamente a mantener el nivel de la proporción de lo que se invierte en Ciencia y Tecnología, ésta ha disminuido.

Cuadro1. Evolución en % del PBI y del gasto
en C y T en cuanto a I+D en Bolivia (1992 - 1999)

Una paradoja muy presente en América Latina y de manera particular en Bolivia, es que se dedica mayor porcentaje de inversión a la investigación básica que a la investigación aplicada o al desarrollo experimental. En el Gráfico 3 se puede apreciar la distribución del gasto en I+D por tipo de actividad, para algunos países, donde es de destacar que Bolivia dedica un 50 % del mismo a actividades de investigación básica, es decir, de producción de conocimientos. Ello justamente debido, como lo señalan Albornoz y Fernández (2000) en su análisis para América Latina y el Caribe, a que la investigación que se hace, está prácticamente desvinculada de la tecnología y por tanto de las empresas y de la industria, quedando, podría decirse, rezagada en los ámbitos académicos.

Otro indicador importante es la cuota de participación de los diferentes sectores en el financiamiento a la Ciencia y la Tecnología. La tendencia en América Latina y el Caribe es que dos tercios de la participación correspondan al sector público, y solamente un tercio al sector privado. En cambio, en los países desarrollados, la proporción es inversa, siendo mayor la participación del sector privado (Japón 73 %; EU, 66 %) o por lo menos equivalente (Canadá 50 %; Europa, 54%). (Albornoz y Fernández, 2000).

No obstante, esta tendencia en Latinoamérica se está revirtiendo en los últimos años. Concretamente en Bolivia, la participación del gobierno ha descendido de un 44.2 % en 1994, a 24 % en 1999. En cambio, la participación de las empresas ha pasado de un 5 % en 1994 a 20 % en 1999. De igual forma, en este período ha habido prácticamente una duplicación en la participación de la educación superior, pasando del 16.7 % al 30 % (Cuadro 2, item 9).

En cuanto al personal dedicado a Ciencia y Tecnología, se ve la poca cantidad de investigadores en el país, siendo en 1999 de 1050 (Cuadro 2, item 12). La proporción de investigadores, en términos de personas físicas, por cada mil integrantes de la PEA, en Bolivia también es una de las más bajas (0.38 en 1999). En la Argentina es de 2.57; Chile, 1.35; Uruguay, 1.80; Cuba, 1.20. (RICYT). Ahora, si se toma en cuenta que la mayor parte de los investigadores, justamente por esa falta de cultura de la investigación, que le resta estímulos de todo tipo a este aspecto, no están dedicados en un cien por ciento de su tiempo laboral a la actividad de la investigación, sino de una manera parcial, esta proporción, ya en el equivalente real a jornada completa es aun más baja; así, Bolivia alcanza apenas a 0,21 investigadores por cada mil integrantes de la PEA. Ello significa que en términos reales, en 1999 se habría contado sólo con 570 investigadores efectivos (sin contar a becarios, personal de apoyo y de servicios).

Esto último está también considerado como uno de los principales problemas del país en materia de Investigación y Desarrollo: la inexistencia de un número suficiente de investigadores y administradores de proyectos de I+D, y el lento crecimiento de la comunidad científica. (Aguirre y Rebois, 1996)

Ahora bien, si de por sí en Bolivia se tiene pocos investigadores, al analizar esto por disciplina científica se ve que, principalmente la situación en que se encuentran las Ciencias Sociales y Humanidades, es realmente lamentable, pues apenas alcanza a un 14 % del total, lo que significa que en todo el país se tendría solamente alrededor de 150 investigadores en estas áreas. En contraste con la situación en algunos otros países (ver Gráfico 4), como Argentina o El Salvador - para tomar en cuenta dos países muy diferentes, digamos extremos- la desventaja de Bolivia es evidente. El caso de México, donde más de un 60 % de sus investigadores se dedica al campo social, se explica por su larga trayectoria como país vanguardia, académicamente hablando, en materia social, en gran parte por haber acogido durante décadas a cientistas sociales de varios puntos del continente.

En relación a la producción científica que es evaluada a partir de los indicadores bibliométricos, la participación de América Latina es muy baja (principalmente en el caso de las Ciencias Sociales). Y dentro de América Latina, la participación que tiene Bolivia en cuanto a artículos presentados en publicaciones internacionales, es una de las más bajas. En la última parte del Cuadro 2, (a partir del item 25), se puede apreciar tanto el número de publicaciones en diferentes disciplinas, como el porcentaje que éstas representan con relación al total mundial, cifras que no necesitan comentario.

Entre otros, además de lo ya mencionado, algunos de los problemas que han sido identificados tanto en universidades como en otras instituciones (Aguirre, 1990; Aguirre y Rebois, 1996), y que son de una u otra forma un freno al desarrollo de este ámbito tan importante para el país, son el inadecuado uso de recursos financieros y el desperdicio de los mismos; la existencia de demasiados institutos de investigación y proyectos (algunos sólo de nombre), frente a los recursos; el excesivo burocratismo; insuficiente infraestructura; el que los proyectos no sean objeto de evaluaciones externas y se lleven a cabo solamente con visiones de corto plazo; la no multidisciplinariedad de las investigaciones, y la falta de mecanismos para difundir los conocimientos. Todo ello, debido en última instancia a la inexistencia de políticas y lineamientos que se manifiesta en una fragmentación de esfuerzos, en dispersión y duplicación de actividades. La cuestión de los fondos no es una barrera infranqueable puesto que hay países como Canadá, cuyas actividades de investigación son financiadas, en gran parte, con recursos del extranjero.

Definitivamente, estamos frente al problema de tratar de evitar que la brecha que nos separa del mundo desarrollado, se profundice. "No sólo ya se trata de un abismo económico, sino también académico y tecnológico, el cual debe ser necesariamente superado por países como el nuestro, para poder ser competitivos en el mundo del siglo XXI". (Los Tiempos, 2002:A13). Pero en gran parte de los países en desarrollo, se sigue sin reconocer que "en el mundo actual el principal generador de riqueza es el conocimiento y que su dominio sólo se obtiene a través del desarrollo de la actividad científica propia y de calidad y la aplicación posterior de algunos de sus resultados" (Aguirre, 1996:3).

EL PAPEL DE LAS UNIVERSIDADES

En cuanto al papel de las universidades, es evidente la necesidad del establecimiento de vínculos con las empresas, el Estado y la cooperación internacional, así como de capacitar a los recursos humanos para la investigación. Se cuenta con pocos investigadores quienes, por otra parte, no tienen la dedicación exclusiva a las actividades de investigación.

Si bien en los últimos años, ha aumentado notablemente la cantidad de graduados universitarios tanto a nivel de pregrado como de postgrado, (Cuadro 2, items 17 y 18), sería interesante analizar cuántos de esos nuevos titulados se dedican a la investigación.

En las universidades, es fundamental el incentivar en los estudiantes el interés por la investigación. Además, deben existir mecanismos para dar a conocer las posibilidades de financiamiento, información sobre cómo funcionan las agencias de cooperación, etc.; en otras palabras, crear un entorno que garantice la posibilidad de hacer investigación.

Al mismo tiempo, es necesario que se desarrollen políticas donde se definan objetivos con una visión clara respecto a las áreas en que se va a hacer investigación, lo que en coordinación con otras instancias permitirá evitar que haya duplicación de temas investigados.

Las universidades deben tener plenamente identificadas sus políticas y prioridades de investigación, de manera que se establezcan lineamientos bien definidos y a largo plazo. Por ello es importante que todo esto se enmarque en una política más general, tanto a nivel departamental como nacional, en función de qué se quiere, qué se espera de la investigación, y qué tipo de país se quiere tener, lo que implica el esfuerzo coordinado y el compromiso entre diferentes instancias, con una visión de colaborar más que de competir entre sectores, entre universidades o entre institutos de investigación.

En Bolivia, el trabajar de manera coordinada y sumando esfuerzos, debe ser un derrotero impostergable. "No se debe permitir el monopolio del conocimiento y de la información. Tiene que haber un gran intercambio de experiencias, de investigación, de proyectos, y de datos". (Iriarte, 1999:13)

Por ello, es necesario que en los centros universitarios y académicos en general, la investigación sea una prioridad. Lo que nos hace falta son políticas de investigación, lineamientos claros que coordinen los esfuerzos, en función de fines bien definidos e identificados.

REFLEXIONES FINALES

Las cifras y los indicadores aquí expuestos son, sin duda, muestra de lo poco que en el país se hace en materia de investigación. Pero además, éste no es sólo un problema de números y porcentajes, sino del impacto que tiene la investigación para el entorno social. Es decir, del beneficio que se pretende obtener del quehacer científico, lo que nos remite a la pregunta de cómo es el país que queremos construir.

Si como se vio, lo que se produce en este campo es tan poco, por lo menos tendría que ser aplicable, tener una utilidad que trascienda los muros de las bibliotecas y comprometa a los investigadores con la problemática social. Y algo muy importante en esto es lo referente a la formación de investigadores; la investigación por ello, debe ser parte medular, no incidental del quehacer académico en las universidades, como un mecanismo de vinculación con la práctica, con la producción y con la economía.

Los estudiantes universitarios tendrían que formarse desde un inicio con un espíritu investigativo y una orientación integral. En el fondo, estamos frente al desafío de cambiar una mentalidad, de formar estudiantes que al culminar una carrera, lo hagan con miras a ponerla al servicio de la sociedad. Recursos humanos conscientes, antes que nada, de la problemática social y de la importancia de su rol en cuanto agentes de transformación, y, a la vez, conscientes de la importancia que tiene la investigación para conocer la realidad y transformarla. En este contexto, el papel de las universidades es fundamental para la promoción de una "cultura de la investigación", adoptando en este proceso perspectivas cada vez más multidisciplinarias y con una visión de futuro.

Asimismo, es necesario que las universidades consideren la importancia de su vinculación con el sector privado, como una necesidad impostergable, y para ello, también se deben definir prioridades respecto a qué es lo que se necesita investigar. Por su parte, las empresas necesitan adoptar una visión innovadora orientada a superar la dependencia.

Es cierto que en la década pasada se han logrado avances como la inserción del tema de la ciencia en la agenda de discusión gubernamental. En 1999 se llevaron a cabo las Jornadas Internacionales "Análisis, Promoción y Perspectivas del Desarrollo", y en marzo del 2000 se realizaron las Jornadas de Fortalecimiento del Marco Jurídico e Institucional de la Ciencia y Tecnología. Finalmente, el 8 de junio del 2001,el Honorable Congreso Nacional promulgó la Ley Nº 2209: Ley de Fomento de la Ciencia, Tecnología e Innovación, cuyo objeto, definido en el primer artículo del Capítulo I, es "... fijar los lineamientos que deben orientar el desarrollo de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en el país, así como establecer los mecanismos institucionales y operativos para su promoción y fomento". Es decir que ya se cuenta con un marco jurídico establecido. Lo que ahora se necesita, es trabajar de manera conjunta para que, lo que en ella se propone, se haga efectivo.

Sin pretender negar que los problemas de la escasez de recursos y de las deficiencias mencionadas para América Latina son estructurales, tenemos que reconocer que en el país hay todavía tanto por hacer, que ello, en lugar de ser una barrera debe ser un estímulo. Es también una cuestión de voluntad política y de asumir como principio que la ciencia, como producción de conocimientos, y la tecnología, como la aplicación de los mismos, no tienen sentido de ser si no se convierten en medios para mejorar el nivel y la calidad de vida de la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

AGUIRRE B. Carlos y REBOIS R. Roland, 1996, Ciencia, Tecnología e Innovación: Conceptos y Prácticas, Universidad Andina Simón Bolivar (Comisión Europea) / Proyecto de Monitoreo de Nuevas Tecnologías, Sucre.
AGUIRRE B. Carlos
, 1990, "Ciencia y Tecnología en Bolivia: Estado de situación y perspectivas", en Memorias, ASOCIACIÓN BOLIVIANA PARA EL AVANCE DE LA CIENCIA (ABAC), Simposio "Visión de la Ciencia y Tecnología en Bolivia año 2000", La Paz.
ALBORNOZ, Mario, FERNÁNDEZ P. Ernesto
, et al., 2000, El Estado de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe, RICYT, Buenos Aires.
HONORABLE CONGRESO NACIONAL
, 2001, Ley Nº 2209. Ley de Fomento de la Ciencia, Tecnología e Innovación, La Paz, 8 de junio, 2001.
IRIARTE Gregorio, (O.M.I.), 1999, Neoliberalismo, Post-Modernidad, Globalización, Ed. Guadalupe / Cepromi / Ed. Verbo Divino, Cochabamba.
LOS TIEMPOS, 2002, "Desafíos de la Educación Superior", Editorial, 10 de febrero, Cochabamba.
RED IBEROAMERICANA DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA, (Indicadores), http://www: RICYT.edu.ar

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