| La educación interviene en la formación del ser humano, por tanto, en la formación de la sociedad, es parte de ella, es su esencia y la base fundamental del Estado. La educación no sólo es una responsabilidad del Estado, sino de la sociedad en su conjunto, que a su vez necesita de la educación, como el niño del maestro. La educación es uno de los instrumentos sociales más importantes para impulsar el desarrollo nacional, sin ella no se puede construir un país productivo, ampliar el consumo nacional y ser competitivos. Por otra parte, la educación permitirá desarrollar nuevos emprendimientos industriales y comerciales, en los que participarán, si la educación se basa en principios modernos pedagógicos y tecnológicos, los pobladores de las áreas urbanas y rurales. A través de la educación para la vida y la incorporación de tecnología adecuada, será posible convertir a los actuales campesinos, dedicados a la producción de subsistencia, en agricultores que, mediante cadenas productivas, abastezcan el mercado interno y de exportación; esto quiere decir, que la educación puede transformar a los campesinos, a los artesanos y a los pequeños productores en industriales. Asimismo, la formación de recursos humanos calificados, atraerá inversiones para la construcción de plantas de tratamiento industrial, en los lugares de producción de recursos renovables y explotación de los no renovables. La creación de la conciencia nacional es también vital para el fortalecimiento de la Nación y su proyección hacia el futuro, con recursos humanos renovados y eficiencia empresarial. Entonces, es acertado afirmar, que la llave de una nación moderna está en una educación hecha a la medida de un país que debe triunfar, no sólo en el proceso de unificación interna, sino como miembro pujante del MERCOSUR, de la Comunidad Andina de Naciones y, en general, como parte de un mundo moderno, que sabe que la educación es el instrumento más importante del desarrollo. En las últimas décadas, en Bolivia se han publicado varios estudios sobre la educación, algunos con críticas al sistema -lo que muestra que existe cierta preocupación por el tema- otros, exhibiendo los aún no comprobados aciertos de la Reforma Educativa en actual vigencia, lo que no deja de provocar cierta incredulidad. En realidad, el de la educación es un problema que debe ser considerado en toda su complejidad, por ejemplo, en el aspecto discente, como docente. Si se hace una evaluación de los bachilleres que llegan a las universidades -provengan éstos del sistema fiscal o particular, salvo excepciones- se puede registrar una formación memorística y acrítica, insuficiente para afrontar los retos de la Educación Superior. En lo que se refiere al sector docente -salvo igualmente excepciones- se encuentran muchas deficiencias que determinan una paulatina y evidente devaluación de la función del Magisterio, debida, en parte, a la heterogeneidad de la formación de los educadores, a la variedad de planes de estudios de las Normales, así como al tratamiento salarial que dispensa el Estado a los profesionales de la educación. Indudablemente, algo no funciona en la educación, y si bien es algo que viene de lejos, consideramos necesario hacer una reflexión crítica sobre el sistema educativo vigente, para despertar en la conciencia de los lectores, educadores e instancias de decisión, el deseo de ver el problema con objetividad y claridad, y la imperiosa necesidad de buscar soluciones para revertirlo. La familia educa y la escuela instruye, sin embargo, en la actualidad, la educación es considerada un proceso continuo, integrador y liberador, en el cual interactúan varios actores: los padres de familia, los educadores y la sociedad en su conjunto, con sus normas, leyes, derechos y obligaciones. Evidentemente, si no se diseña el perfil del Boliviano y Boliviana que necesita el país, no se puede determinar el rumbo que debe tomar la educación y no se puede elaborar una Política de Educación que debe surgir, necesariamente, de una Política de Desarrollo Nacional. Tal vez las fallas arriba mencionadas, son estructurales, se deben a la falta de definición de los grandes objetivos nacionales. No se puede dejar de mencionar que si bien el problema es de larga data, los intentos de solución no son propios de la época contemporánea, basta recordar la experiencia ejemplar de Elizardo Pérez y Avelino Siñani con la Escuela-Ayllu de Warisata (1931) y los textos de grandes pensadores y educadores, como Franz Tamayo, y muchos otros, hoy lamentablemente olvidados, como por ejemplo: María Frontaura Argandoña, Gustavo Adolfo Otero, Corsino Rodríguez, Vicente Donoso, Julio Layrana, Juan Misael Saracho, Daniel Sánchez Bustamante, Alfredo Guillén Pinto y George Rouma. La Reforma Educativa de 1994 ha generado una serie de polémicas, conflictos sociales y desorientación que no benefician a la educación nacional y, por consiguiente, motivan algunas reflexiones que tendrían que desembocar en propuestas, fundamentalmente en el campo de la Política Nacional de Educación y de una Pedagogía Nacional. Cualquier reforma de la educación boliviana, debe tomar en cuenta a los que podríamos denominar como
"los pioneros del cambio", verdaderos patriotas que se preocuparon por la incorporación de los sectores históricamente marginados, a los beneficios de la educación. A ellos va dedicado este libro, un modesto intento de reflexión sobre los problemas que aquejan a la educación nacional. Ya lo dijo el Libertador Simón Bolívar:
"Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso con el que camina la educación".
Gonzalo Ruiz Martínez |